Método Pominola


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Donde nacen las ideas

siempre cielos grises

A finales de Abril, en los días de vacaciones de la feria (no voy nunca a la feria de Sevilla porque no me gustan las multitudes :P), nos fuimos a Portugal. Al Algarve.

No sé si lo recuerdas, o si lo leíste siquiera, pero alguna vez he escrito que no me gusta viajar. Y es cierto, al menos en cierta forma.

No me gusta viajar en “rebaño”, en grupos grandes que se mueven como si fuesen un único individuo. No me gusta que un guía nos vaya “pastoreando” de un lado a otro, diciéndonos dónde tenemos que comer, comprar y dormir.

No me gusta viajar en grupos grandes porque nunca he entendido aquello de “cuantos más seamos, mejor lo pasaremos”. Lo estoy oyendo desde mis tiempos de instituto, así que debe de ser verdad, pero a mí no me funciona.

Yo necesito silencio, calma y tiempo para pensar (ya sabes que me paso la vida pensando, no lo puedo evitar).

El pasado mes de Marzo, no sé porqué, decidí de repente que tenía que ir a alguna parte; hace muchos años que hablábamos de visitar el Algarve, y en dos horas ya lo tenía organizado todo. Organizado a mi manera, como yo quería hacerlo. Y resultó muy bien, nos gustó mucho todo lo que vimos y hasta tuve tiempo de pensar…

En el Algarve nació el nuevo proyecto participativo pominolo, en el que espero poder contar contigo, estés donde estés. Si quieres saber de qué va, te espero mañana aquí mismo.


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Maraña de mentiras

Llevo mucho tiempo mintiendo, ¿sabes? En la vida real y también aquí, en el blog.

Hoy vengo a contar toda la verdad.

fonte benemola

En Enero coincidí en el parque con una madre que acababa de llegar de otro país europeo con sus dos niños pequeños, y la mujer andaba entre emocionada por el cambio y horrorizada por los posibles problemas de adaptación de sus hijos.

Hablamos de formas de cocinar, del clima, del sistema educativo y de muchas cosas. Hablamos de costumbres, de tradiciones, de fiestas. De excursiones y lugares donde llevar a los niños. Y en aquel momento no me di cuenta, pero el mes pasado estuve recordando aquella conversación. O, más bien, algunas cosas que dije.

– A mí no me gusta la playa.

– Odio la feria, es un agobio.

– En semana santa no salgo de casa.

En resumen, me di cuenta de que parezco una “odia-todo”. O, por decirlo de otra manera, que no me gusta nada.

Y, pensándolo bien, resulta que no es cierto.

Sí que me gusta la playa, o más bien el mar. Lo que no me gusta es achicharrarme vuelta y vuelta junto a miles de personas.

De la feria me molesta el gentío.

De la semana santa, la muchedumbre.

Así que, a partir de ahora, diré que no me gustan las multitudes, sea cual sea el lugar donde se encuentren.

¿Y a qué viene todo esto? ¿Por qué me puse a pensar en una conversación sin importancia de varios meses atrás?

Porque el mes pasado hice algo que llevaba años sin hacer, algo que dije que no me gustaba.

Viajar.