Método Pominola


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Nada

Hace un par de horas que terminé de leer la novela “Nada” de Carmen Laforet (la empecé ayer) y todavía me dura la sensación de… ¿cómo decirlo?

Es imposible decirlo en una sola palabra. Repugnancia. Desasosiego. Estupor. Sorpresa. Inquietud. Opresión. Angustia.

Pero, sobre todo, me pregunto qué clase de mujer debió de ser la autora; qué debió de vivir para haber sido capaz de escribir, a los 22 años, semejante novela.


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Reinventarse

El 7 de enero de 1999 acompañé a mi madre a hacer la compra semanal. En el hipermercado habían puesto unas grandes mesas con montañas de libros de saldo, a precios ridículos; yo compré uno de casi 800 páginas por 200 pesetas de entonces. Compré más, pero no recuerdo ninguno de los títulos. Todos los he donado ya a la biblioteca pública, que es lo que hago con los libros cuando no me caben en casa. Pero aquel tocho aún lo tengo, y en su primera página tiene escrito a lápiz la fecha y el precio. Durante un tiempo me dio por hacer esto cuando compraba un libro, ponerle la fecha y el precio, no sé porqué.

El libro en cuestión se llama El hechizo de Charleston, y lo escribió Alexandra Ripley. Sólo por haberlo escrito le perdono la infamia vergonzosa que cometió con la segunda parte de Lo que el viento se llevó. Pero hoy quiero hablar de El hechizo de Charleston, que en cierta forma es como mi biblia personal.  Es la historia de Garden Tradd, nacida en Charleston a principios del siglo XX en una familia rica. A los 17 años se casa con un niñato millonario y ahí empieza su desgracia. No voy a entrar mucho en detalles por si alguien la quiere leer (aunque es difícil de encontrar, la edición que tengo es de Grijalbo  de 1990).

Hay lujo, intrigas, suegras malvadas, dinero a montones, drogas y una caída de Garden a los infiernos. Cuando se casa es una niña que no sabe nada de la vida y, sobre todo, no sabe nada de ella misma. La gente a su alrededor la manipula y la moldea convirtiéndola en algo que ella no es, hasta que finalmente se pierde a sí misma y a su marido (que se había enamorado de ella por considerarla distinta a todas las demás). Mi parte favorita del libro empieza en el momento en que Garden decide que tiene que salir del hoyo y recuperar a su marido, pues ha descubierto que todavía lo ama. Pero no sabe cómo hacerlo: está sola, sin familia ni amigos, sin rumbo. Sólo tiene dinero, mucho dinero.

Por una casualidad se encuentra con una anciana llamada Hélène : “Hélène Lemoine dejó al desnudo el verdadero carácter de Garden, diseccionó todo lo relacionado con ella, y lo encontró defectuoso. Luego inició el difícil y disciplinado trabajo de la reconstrucción.”

Hélène viene a ser para Garden lo que hoy sería un coach. Ahora está muy de moda eso del coaching, yo misma estoy haciendo un curso de experto universitario en coaching. Y resulta que es algo tan antiguo como el mundo… se reduce a escuchar, básicamente, para provocar preguntas y reflexiones en el que habla. Eso hace Hélène. Escucha mucho, y de vez en cuando desliza alguna pregunta.  Finalmente, como ve a Garden tan perdida, le da instrucciones precisas como si fueran deberes escolares…

Garden resurge y se reinventa y reconquista a su marido. Pero ya no es la Garden de antes: ahora tiene poder porque es consciente de su propio valor, sabe lo que la hace única y diferente y especial. Estudia continuamente y se interesa por todo. Personaliza sus vestidos, sus joyas, en plan DIY. Potencia sus puntos fuertes. En definitiva, se conoce a sí misma y se gusta.

Siempre me ha fascinado esa idea de la reinvención personal. Es como si siempre tuviéramos la posibilidad de borrar lo escrito y volver a empezar, cambiando a voluntad. Por supuesto no es fácil, pero a mí me hace sentir esperanzada y optimista.

Después de haber leído montones de libros de autoayuda, resulta que el único que releo una y otra vez (desde 1999, que ya es decir) es esta novela.