Método Pominola


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Nada

Hace un par de horas que terminé de leer la novela “Nada” de Carmen Laforet (la empecé ayer) y todavía me dura la sensación de… ¿cómo decirlo?

Es imposible decirlo en una sola palabra. Repugnancia. Desasosiego. Estupor. Sorpresa. Inquietud. Opresión. Angustia.

Pero, sobre todo, me pregunto qué clase de mujer debió de ser la autora; qué debió de vivir para haber sido capaz de escribir, a los 22 años, semejante novela.

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Atreverse

A veces decimos que queremos cambiar, pero que no podemos. En realidad, no nos atrevemos.

Podemos cambiar. Por supuesto que sí. Pero nos tenemos que atrever.

Ayer fui a cortarme el pelo, para ponerme un poco presentable. He pasado meses y años sin cuidar lo más mínimo mi aspecto, y hubo un tiempo en que la sola idea de cepillarme los dientes se me hacía un mundo.

Pues eso, que estaba allí y la peluquera me dijo:  “¿Nunca te has dado un baño de color? Para variar un poco.”

Lo he pensado muchas veces, lo de cambiar el color de mi pelo, pero nunca me he atrevido. ¿Y si no me gusta como queda? ¿Y si me veo rara?

Cuando empezó el año 2013 me hice un único propósito de año nuevo: obligarme a hacer cosas nuevas. Tanto da que sean grandes o pequeñas; de hecho, la mayoría serán pequeñas.

Durante muchos meses he estado leyendo libros de autoayuda de todo tipo, buenos y malos, intentando averiguar “el secreto” para recuperar mi autoestima. He leído que tienes que ponerte frente al espejo y decirte cosas bonitas, decirte en voz alta que te quieres y te aceptas y todo eso. Lo intenté pero me sentía rara.

Leí acerca del niño interior, hice las meditaciones y lloré a mares durante horas. Lloré hasta creí que me había secado por dentro, y entonces volví a llorar.

Leí sobre las afirmaciones positivas y las creencias limitantes; sobre el perdón y un millón de cosas más. Y un día me dije que ya estaba bien de tanto leer, que había que ACTUAR.  Y decidí obligarme a hacer cosas.

Hace unas semanas recorrí casi 500 kilómetros para asistir a las clases de un curso que hago a distancia. He hecho ese mismo viaje muchas veces, pero la última vez fue hace varios años y no iba sola. Me sentí extraña y un poco perdida; pero todo salió bien. Las clases fueron aburridas y cansadas, no me parecieron muy productivas pero me dio igual. Había ido yo sola, había planeado todo aquello como una prueba y la había superado.

Ayer me cambié el color del pelo (no demasiado, para ir poco a poco) y me veo bien.

En Septiembre me inscribí al gimnasio y fue un subidón de moral…

Ahora ya sé cuál es el secreto de la autoestima:  HACER COSAS. Grandes o pequeñas, fáciles o difíciles. Tú sola o con compañía. Hacerlas por ti misma. Y felicitarte por ello.