Método Pominola


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Colombine, Agatha, Nayoung y yo

Dos libros, dos mujeres, dos escritoras extraordinariamente prolíficas. Dos puñetazos en mi estómago 😛

agatha colombineYa expliqué hace tiempo (creo recordar) que en mis años mozos me aficioné mucho a leer biografías. Es un género que me entretiene, me inspira y me enseña cosas; así que, cuando me hice el propósito de “desconectar” (te lo conté en la entrada anterior) me fui derecha a la biblioteca del barrio y pregunté por la sección de biografías.

Tras la impresión inicial de encontrar a Isabel de Farnesio junto a María Teresa Campos, me decidí por los dos libros de la foto. No tenía ni idea de quién era Carmen de Burgos (Colombine) y a Agatha sólo la “conocía” de nombre porque nunca he leído nada suyo. Así que se puede decir que elegí los libros “a ciegas”, dispuesta a dejarme sorprender. Y resulta curioso que, tratándose de dos mujeres tan distintas, las dos historias me han dejado con la misma sensación: vergüenza de mí misma, por lo mucho que me quejo y lo poco que hago.

Tanto Carmen como Agatha viajaron por todo el mundo, escribieron incansablemente, se emparejaron con mayor o menor fortuna y tuvieron hijos. Vivieron intensamente, conocieron a multitud de personajes interesantes y aprovecharon al máximo el tiempo que tenían.

Al terminar la biografía de Colombine, imaginé que la buena mujer venía y me daba un tirón de orejas (cariñoso) para hacerme reaccionar; y yo me defendía diciéndole que tanto ella como Agatha habían tenido claro desde “siempre” que querían escribir, que les gustaba escribir. Pero yo no sé lo que quiero hacer con mi vida.

Y estaba dándole vueltas al asunto (ya ves qué tonto fue mi propósito de desconectar) cuando ayer me encontré con este artículo. Y, aparte de las maravillosas ilustraciones, mira lo que dice Nayoung Wooh, la protagonista:

“Tras graduarme en Arte Oriental, trabajé como diseñadora gráfica durante tres años para un desarrollador de videojuegos(…). Pero hace unos 10 años sufrí una depresión terrible. Dejé mi trabajo. Sentía que era la única persona que no sabía qué hacer con su vida. Estaba harta de todo y necesitaba algo desesperadamente a lo que agarrarme. Me encerré en casa y jugaba a la consola todo el día”.

 “Nunca había dedicado tiempo a pensar en mí, lo que me deprimía, lo que me hacía feliz, lo que el dibujo significaba para mí. La depresión me forzó a hacerlo. Me hizo plantearme quién era, qué me interesaba. Tuvo un gran efecto terapéutico. Concentrarme en producir arte me permitió reconciliarme conmigo misma. Me acepté tal como era”.

Puedes ver sus obras aquí.

Después de leer estas palabras me quedé más tranquila, aunque supongo que puede sonar tonto. Ella y yo no tenemos nada en común, aparentemente. Pero en realidad nuestro camino es el mismo, sólo que ella ha avanzado ya un buen trecho y yo estoy todavía en la encrucijada inicial, planteándome quién soy y qué me interesa. Si Nayoung pudo encontrar su camino (poblado de imágenes preciosas y delicados detalles), seguro que yo también podré encontrar el mío… Seguiré buscándolo, entre tintos de verano y jarras de sangría 🙂

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La mujer perdida

el hombre solitario

Me comenta Rita Stone en una entrada anterior que se alegra de mi regreso, y del hecho de que haya regresado al lugar donde comencé. Y me quedo pensando que sí, que tiene razón, que todo comenzó aquí. Con el Método.

No sé porqué decidí que ya no quería seguir aquí, que debía “evolucionar” hacia algo más sofisticado, más complejo. Algo diferente, en definitiva.

Revisando las entradas del blog me doy cuenta de que hace ya casi un año de aquello (fue el 16 de Mayo de 2014 cuando me despedí). Y ahora vuelvo para decirte que estaba equivocada, confundida quizá, y que no tenía que inventar nada nuevo porque ya estaba en el lugar perfecto para mí. En mi hogar.

He andado perdida todo el último año, como un barco de papel a la deriva, dejándome llevar aquí y allá sin oponer resistencia. Esperando, simplemente, a ver qué ocurría, adónde me arrastraba el viento. Y me trajo de vuelta aquí.

*** El otro día hablaba de faros, ¿te acuerdas? Pues ayer me encontré con otro. Mira qué maravilla de dibujos

Éste es mi plan para el sábado:


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Cuando ya no queda nada

cuando todo se ha acabado

Quizá te sientas así, como esa rosa mustia y seca. Quizá pienses que ya no queda nada bueno ni valioso en tu interior, que estás acabada y tu tiempo terminó.

Que no tienes nada que ofrecer. Nada que valga la pena.

Quizá tu pareja te dejó por otra, o simplemente se marchó. O te acabas de jubilar, o tus hijos se han ido de casa y te sientes sola y cansada.

Quizá ya no tienes ganas de seguir llevando tu carga. Te sientes fatigada, inútil, y crees que no queda nada por lo que luchar.

Sé lo que es eso.

Busca dentro de ti. Escarba con las uñas, con los dientes. Arráncate todas esas capas de dolor y desesperanza. ¿Ves lo que hay debajo?

Mira bien. Está ahí, escondido muy adentro; es pequeño y brillante como una joya.

¿Lo ves?

aun quedan cosas dentro de ti

¿Creías que esta rosa estaba seca? Ya ves que no. No del todo, no en su interior.

Por fuera se ve ajada y marchita, pero por dentro esconde mucha belleza todavía.

A ti te ocurre igual. Busca. Busca dentro. Nunca dejes de buscar. La vida es eso.