Método Pominola


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De virus, faros y libros.

radiante

He escrito desde siempre (bueno, desde que me enseñaron a escribir). Me recuerdo desde niña siempre con cuadernos, diarios y papeles entre las manos; y aunque ha habido largos períodos de abandono, al final siempre vuelvo a caer. A escribir.

Desde primeros de año, cada pocas noches abro mi diario y escribo las mismas palabras:  “tengo que hacer algo”.  Luego me acuesto y me quedo pensando, en la oscuridad, en qué podría ser ese “algo”.

Una mañana me encontré con esto. Y me recordó a Edward Hopper, naturalmente, pero también pensé en el Bledchen Bazar. Durante días, sin ser consciente de ello, le di vueltas y vueltas a esas imágenes de casas blancas de madera, cielos radiantes y playas desiertas. Y empecé a sentirme mal, enferma, extenuada.

Gastroenteritis vírica, lo llaman, pero para mí fue casi una semana de pensar, leer, pensar y leer más, y seguir pensando. Y, sobre todo, darme cuenta de algunas cosas.

Leí Habitaciones cerradas, de Care Santos, y me di cuenta de cuánto echaba de menos mis historias de mujeres del Bazar.

Después leí Una tienda en París, de Màxim Huerta. Durante unas horas me olvidé de todo, y me prometí a mí misma que volvería a escribir con regularidad en cuanto me repusiera del dichoso virus.

El último día, cuando ya me encontraba casi bien del todo, me acordé de un libro que llevaba tiempo guardando “para cuando tuviera tiempo”. La verdad es que el título no me animaba a leerlo: Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven (de Albert Espinosa). Lo leí, no me gustó, pero me llamó la atención uno de los personajes y su relación con los faros. Creo que no lo he dicho nunca, pero estoy obsesionada con los faros, así como con los árboles desnudos, las puertas y las ventanas. No me preguntes el motivo (no tengo ni idea de cuál puede ser) pero los faros tienen para mí algo especial.

Unos días después, leyendo la prensa, me encontré esto y esto. Y me dije que no podía ser casualidad, que el Bazar me estaba llamando.

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Las primeras señales

casa siniestra

Me tendría que haber dado cuenta enseguida de que el Club no iba a funcionar. Tengo dos métodos de detección que no fallan: el de la plancha y el comidómetro.

En este caso, con el Club, usé el de la plancha. Cada vez que tenía que escribir o preparar algo para el Club, me daba una pereza enorme y pensaba: “debería planchar antes las camisas, que llevan tres días esperando”. Debes saber que, de todas las tareas domésticas, planchar es la que más detesto; y si la antepongo a cualquier otra actividad, es que la actividad en cuestión no tiene ningún atractivo para mí.

Pero me empeñé, me puse en modo “burro con anteojeras” y seguí adelante… con el resultado que ya conoces. Al principio me sentí fracasada (llevaba muchos meses ideando el asunto y me parecía perfecto para mí, al menos en mi imaginación). Luego, simplemente me sentí liberada. Durante unos pocos meses.

El año pasado perdí 11 kilos en 8 meses. Y no, no hice ninguna dieta milagrosa. No hice dieta de ningún tipo. Solamente ocurrió aquello que te expliqué aquí. Encontré (o me inventé) pequeños proyectos que me hacían sentir satisfecha y ocupada, y ya no necesité recurrir a la comida para rellenar los huecos. Empecé a comer de forma ordenada, de forma correcta, y los kilos se fueron. Pero a principios de 2015, el comidómetro empezó a enviarme señales inequívocas de que algo iba mal…


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De vuelta en casa

Loulé1Llevo muchas semanas dándole vueltas a la idea de retomar el blog; pero, como todo lo que hago en mi vida, he intentado planificarlo y cuadricularlo al milímetro. Pensé que debería empezar con una entrada explicando qué fue lo que ocurrió con el Club, y sin embargo es tan sencillo como decir que murió por exceso de planificación.

El mes pasado estuve cuatro días en cama, con una gastroenteritis vírica que me dejó hecha un trapo; y aproveché para volver a leer tranquilamente, como hacía antes. Cuatro libros en cuatro días. Y ocurrió, como ha ocurrido tantas otras veces, que se me presentaron las señales tan claramente que no pude seguir ignorándolas. Señales en forma de faros, puertas, ventanas, libros y pedazos de papel. Tan intensas que parecen gritarme.

Si quieres que te cuente más, te espero mañana aquí mismo…


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El viaje de Pominola – El retorno

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Hace una eternidad que no vengo por aquí, ya lo sé. No he tenido ganas de escribir, la verdad, y si vengo hoy es porque tengo algo importante que mostrar.

El mes pasado volvió a mis manos el libro viajero, y desde entonces estoy queriendo publicar sus páginas. Y hoy, por fin, aquí están:

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Como veis, hay de todo. ¡Si hasta ha participado una gata! 😛

Aunque el proyecto no salió como yo esperaba (qué cosa tan tonta son las expectativas) creo que el resultado ha sido mucho mejor de lo que habría podido imaginar siquiera. Os agradezco muchísimo a todos los participantes (hombres, mujeres y gatas) que os hayáis tomado el tiempo y el trabajo de dejar un trozo de vosotros en mi libro. Ha sido una experiencia preciosa que sin duda repetiré, así que espero poder contar con vosotros en el futuro.

Todas las mascotas serán bienvenidas.

** Hay una persona que aún no me ha contestado para autorizarme (o no) a publicar sus páginas, de modo que no las he puesto.


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Tú eres una persona creativa

 

Sí, tú. Te estoy hablando a ti. Eres una persona creativa.

Todas somos creativas, en realidad, sólo que a veces no nos damos cuenta; o pensamos erróneamente en la creatividad como algo relacionado con el talento artístico, o la habilidad para las creaciones manuales.

El diccionario de la Real Academia define la creatividad como la facultad de crear, es decir, la capacidad para producir algo de la nada; pero no habla en ningún momento de arte ni nada similar.

¿Alguna vez te has encontrado con la nevera llena de sobras y has improvisado una cena? Mi suegra prepara lasaña casi con cualquier cosa que te puedas imaginar, inventa platos insospechados para aprovechar los restos que van sobrando en latas o envases, y sin embargo es incapaz de dibujarte una margarita. Dibuja fatal, y para los trabajos artísticos no es muy hábil; pero en el tema de la cocina es altamente creativa.

En el AMPA del colegio de mis hijos hay una madre que es experta en tener ideas. Ideas para financiar las fiestas y las excursiones, ideas para montar cualquier festival en el patio, ideas para todo. No todas son buenas, desde luego, y a veces ni siquiera son viables. Ella no se corta y las va soltando, hasta que salen cosas útiles e incluso brillantes. Pero luego no le mete mano a nada, porque no se le da bien. Ella “sólo” genera las ideas. ¿Dirías que no es una persona creativa, porque es incapaz de pintar una pancarta de cartulina?

La creatividad está en todas nosotras, porque es algo intrínseco del ser humano. No estaríamos donde estamos si nuestros antepasados no hubiesen sido creativos, porque el mero hecho de vivir ya requiere de grandes dosis de creatividad. No te hablo de arte, literatura… No. Te hablo de la vida cotidiana. De preparar la comida. De resolver conflictos en el trabajo, en la familia, en la comunidad de vecinos. De encontrar formas alternativas de hacer las cosas.

La creatividad es parte de tu vida. La necesitas en tu trabajo, en tu casa, en las relaciones personales. La usas continuamente sin ser consciente de ello, y quizá piensas “ojalá yo también fuera creativa”.

Quiero que entiendas que tú eres una persona creativa. Todas lo somos.

 

Te lo voy a explicar de otra forma. Todas nosotras tenemos músculos, ¿verdad? Pero no todas tenemos la misma forma física. ¿Por qué? Principalmente, por los hábitos de dieta y actividad física.

A mí me gusta hablar del “músculo creativo”, y pensar en la creatividad como algo que puede entrenarse. Del mismo modo que no te vas a ir a correr un maratón sin entrenarte antes, no puedes pretender sacar toda tu creatividad de la noche a la mañana.

 

Recuerdo a una compañera de oficina que no era muy dada a las “manualidades”, pero cuando se quedó embarazada decidió pintar ella misma unos cuadritos para la habitación del bebé. Y no eligió algo sencillo, no. Escogió lo que le gustaba (lógico) pero los resultados no fueron los esperados. No puedes levantarte una mañana y “decidir” que vas a pintar cuadros de 3×3 metros, representando escenas bíblicas con pinturas al óleo…

Bueno, en realidad sí puedes, pero es una forma fácil y tonta de frustrarte y sentirte mal. Hay que ir poco a poco. Hay que entrenarse, probar, y sobre todo disfrutar del proceso.

Todo eso es lo que vamos a hacer en El Club Pominola: aprender juntas, probar, experimentar. Divertirnos. Mancharnos las manos, hacer amigas, tener ideas brillantes. Sentirnos ricas y productivas.

Estoy preparando un montón de cosas: ebooks, vídeos, tutoriales, regalitos… Y todo ello para que te des cuenta de que TÚ ERES UNA PERSONA CREATIVA.

 

¡No te quedes fuera! Apúntate ya para no perderte nada.

etiqueta club

Empezamos el 1 de Septiembre. ¡Te espero en tu Club Pominola!


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El final de este camino es el primer paso del siguiente

 

¿Te acuerdas de esto?

 

final del camino

Esta parte del camino, llamada Método Pominola, ha llegado a su fin. Ha sido una etapa corta pero suficiente para cumplir su cometido.

Cuando empecé, en Marzo de 2013, creía saber adónde me dirigía; pero me equivocaba. Acababa de salir de un lugar en tinieblas, y de repente todo era luz. Pero la luz excesiva es tan cegadora como la oscuridad más absoluta, y durante un tiempo anduve a tientas.

 

Ahora, catorce meses después, por fin tengo claro lo que quiero hacer. Y no es seguir con este blog, hablando de mí. Es empezar algo nuevo, distinto, que te ayude a ti.

 

Una de las entradas más leídas de este blog es ésta: Cuando no encajas en ningún sitio. Lo que escribí entonces sigue siendo cierto para mí. Durante toda mi vida he tenido esa sensación de no encajar en ninguna parte, en ningún grupo; y el hecho de que sea una entrada muy leída me hace pensar que no soy la única que se siente así.

Y uniendo estas dos ideas (que quiero ayudarte y que no encajo en ninguna parte) se me encendió la bombilla. Y pensé: “¿No encajo en ningún sitio? Pues me hago un sitio a mi medida.”

Y después de darle vueltas y más vueltas, el proyecto fue tomando forma. Le quedan unos meses de gestación todavía (las criaturas llevan su tiempo, ya sabes) pero ya puedo decir que nacerá el 1 de Septiembre y se llamará…

 

EL CLUB POMINOLA

 

 

Y no es porque yo sea la madre de la criatura, pero VA A SER UN LUGAR MUY ESPECIAL, LLENO DE INSPIRACIÓN Y DE COSAS BONITAS. Un lugar para aprender, para crear y, sobre todo, para que no te sientas sola nunca más.

 

Así que, si quieres pertenecer al Club más creativo y chulo de la blogosfera, no te lo pienses más:

 

 CLIC AQUÍ PARA UNIRTE —->          ¡Quiero unirme al Club Pominola!

Apúntate ya para no perderte NADA. ¡Te prometo que te va a gustar!