Método Pominola


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Conocerte mejor: es hora de escribir tu historia

libro

Hace dos días que mi netbook se comporta de forma rara, y me doy cuenta de que se acerca su final. Hace año y pico fue el pc el que se “murió” sin previo aviso; y recuerdo perfectamente la sensación de pánico cuando pensé que había perdido para siempre casi seis años de investigación genealógica.

Los ordenadores son utilísimos, eso nadie lo duda; y está muy bien poder almacenar miles de fotos de la infancia de tus hijos en un dispositivo diminuto. Pero un día el ordenador se quema, el pendrive se pierde y te quieres morir.

Por todo esto, 2 consejos:

– haz copias de seguridad con frecuencia

– escribe la historia de tu vida al modo “antiguo”, es decir, en papel. No sabemos cómo serán los ordenadores dentro de 200 años, ni qué dispositivos de lectura existirán; pero seguro que la gente seguirá teniendo 2 ojos en la cara para leer.

Vamos allá.

Has reunido un montón de papeles, fotocopias, cartas, postales, fotografías, actas, recortes y millones de cosas más. Ahora te toca organizar la información, ordenar datos, darles coherencia, hilvanar una historia; de otro modo, no tendrás más que un cajón repleto de papeles.

Durante años, recopilé cientos de datos y los fui acumulando de cualquier manera. Cuando el montón fue creciendo, comprendí que debía organizar todos aquellos papelotes; y fui probando distintas maneras (por población, por apellido, por fecha, por tipo de documento) y distintos envases (carpetas, archivadores, programas informáticos). Llegó un momento en que no podía encontrar nada, por sencillo que fuese; y decidí que debía organizar todo aquello de un modo eficaz y definitivo. Un libro.

Desde que era adolescente he fantaseado con la idea de escribir un libro recopilando todas las historias familiares que mis padres me han ido relatando a lo largo de los años, con la idea de conservarlas para las siguientes generaciones.Escribir un libro parece algo sencillo, y quizá para mucha gente lo sea, pero a mí se me antojaba una tarea dificilísima. Por ello lo fui postergando sin darme cuenta, buscando excusas y pretextos.

Primero, porque tenía aún poca información. Luego, porque no me había documentado lo suficiente y no me veía capaz de situar los relatos en su contexto histórico. Y cuanto más leía y más aprendía, más consciente era de lo mucho que me quedaba por leer y aprender. Así que decidí seguir un consejo que oí hace poco: “El momento es AHORA. No esperes a estudiar más, a hacer un curso más, a leer un libro más. Hazlo y ya está.”

No se trata de una novela. Quiero decir que no hace falta que tengas grandes dotes literarias para escribir tu libro de historia familiar; después de todo, se supone que no lo vas a presentar al premio planeta. Es para ti y para tu familia, al menos en principio. Piénsalo de esta forma y te sentirás más relajado al escribir; imagina que no va a leerlo nadie, que lo haces solamente para ti, para organizar los datos y tenerlos más claros.

Precisamente porque no es una novela, evita rellenar los huecos con elementos “de tu cosecha”. Si no sabes cómo ocurrió algo, no te lo inventes. Si vas a hacer una suposición, asegúrate de indicar que es eso, una conjetura tuya. No pasa nada por dejar lagunas en el relato.

Prueba a escribir como si estuvieras contándole la historia a un niño. ¿Has contado alguna vez un cuento a un niño de 4 años? No puedes decir dos frases seguidas sin que el niño pregunte “¿Por qué?”.

Si estás escribiendo, por ejemplo, que tus bisabuelos emigraron a Cuba a principios del siglo XX, pregúntate porqué lo hicieron. Cómo lo hicieron. ¿Cómo era un viaje transatlántico en esos tiempos? ¿Cuánto duraba? ¿Cuánto costaba? ¿En qué condiciones viajaban? ¿Necesitaban pasaporte? ¿Cómo y dónde se conseguía?

Donde antes tenías una frase diciendo “mis bisabuelos emigraron a Cuba a principios del siglo XX”, ahora tienes diez páginas que hablan sobre los viajes de ultramar. O quizá más de diez, eso ya depende de ti. Del nivel de detalle al que quieras llegar.

Yo tengo un problema con el nivel de detalle, y es que nunca sé cuándo parar. Con frecuencia me encuentro leyendo acerca de cosas insospechadas… Por seguir con el ejemplo de Cuba, me propongo averiguar algo sobre la travesía de los bisabuelos y lo busco en google. Y dos horas más tarde me encuentro leyendo un artículo sobre los ingenios azucareros, o la exención del servicio militar para los españoles que residían en las colonias (a cambio de una cantidad de dinero, claro).

Y son temas interesantes, y aprendes mucho; pero te desvías del tema principal y te vas por las ramas. Por unas ramas que no habías pensado explorar.

Hay que tener claro hasta dónde quieres llegar, y ceñirte a ese nivel. Porque te puedes llevar veinte años de tu vida escribiendo sobre el viaje a Cuba, y al final tendrás para dos enciclopedias y siete tesis doctorales: pero no habrás escrito ni una palabra sobre tu familia materna, oriunda de Esparragillo de la Sierra. Y seguro que en Esparraguillo pasaban también muchas cosas de interés.

De modo que, una vez que has decidido lanzarte, lo primero que debes hacer es determinar qué temas vas a tratar y con cuánto detalle. Quizá te interesa especialmente tu familia paterna, o la materna; o te vas a centrar en un pueblo o en un evento concreto (la guerra civil, por ejemplo). O quizá, como yo, vas a intentar recoger todo lo que tienes acumulado.

El planteamiento que yo me hice de recogerlo todo tiene una dificultad evidente, que te vas a encontrar en el minuto cero: ¿por dónde empiezas?

En mi caso (y quizá en el tuyo también) hay personajes que me resultan más simpáticos o de los que tengo más información; o acontecimientos que considero más interesantes o dignos de relatar. Si no sabes absolutamente por dónde empezar, aquí tienes la solución: empieza por ti. Después de todo, se supone que eres el personaje de la historia al que mejor conoces, ¿no es cierto?

Puedes empezar explicando porqué has decidido escribir tu historia familiar, por ejemplo, y dirigirte a un supuesto lector que podría ser algún descendiente tuyo (un hijo, un nieto o quizá alguien aún más lejano en el tiempo). Cuéntale un poco quién eres y porqué vas a explicarle todas esas viejas historias.

Y luego, ponte a escribir como un loco. No te pares a corregir demasiado, ni pierdas mucho tiempo con florituras. Escribe como si las palabras te quemaran los dedos; ya tendrás tiempo para literatura más adelante.

Escribe con detalle y minuciosidad; no des nada por sabido. Lo que para ti es evidente, dentro de 200 años ya no lo será tanto. Y nadie ha dicho que tu libro no vaya a sobrevivir dos siglos… Ya que te tomas el tiempo y la molestia de escribirlo, hazlo a conciencia.

Si hay partes de tu historia que se desarrollan en pueblos pequeños, debes tener en cuenta que estos lugares tienen con frecuencia un léxico propio. Te habrás dado cuenta de que tu abuela del pueblo “habla raro” y dice “palabras del pueblo” que no entiendes. Si no las entiendes, averigua lo que significan; y cuando conozcas el significado, hazle un favor a las generaciones futuras y déjalas por escrito.

Añade fotos con sus descripciones correspondientes. Piensa otra vez en las generaciones futuras, que quizá no tengan ni idea de que “mili” es el nombre coloquial del servicio militar obligatorio. Puede que no haya ni siquiera servicio militar dentro de 200 años, y nadie entenderá porqué tu padre llevaba aquel disfraz de marinero. Puedes escribir algo así como “Mi padre en 1950, durante el servicio militar obligatorio (mili) con su uniforme de recluta”.

Escribe un libro fácil de leer. Imagina algo como: “Doña Mencía de Riogordo y Panzaflorida casó en 1802 con el capitán de la armada Don Felipe Pérez del Romero, y hubieron de esta unión cinco hijos, llamados Raimundo, Dolores, Enriqueta, Arcadio y Leónidas; el primero casó en Pamplona con Doña Violante de …”. Si ésta es toda la información que tienes, mejor dibuja un arbolito o diagrama y ya está.

Una buena idea es darle a leer el borrador a alguien que no esté ni mínimamente interesado en el tema (como mi sobrino de 17 años). Si consigues que lo lea sin dormirse en cada párrafo, es que vas por buen camino.

Incluye un prólogo o una nota o lo que sea hablando un poco de ti. Dentro de 100 años, tú también serás un personaje interesante para tus nietos y bisnietos. Facilítales el trabajo.

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Conocerte mejor: buscar (y encontrar) en internet

bacalao

En semanas anteriores te hablé de los archivos históricos municipales y provinciales, de lo que puedes encontrar en ellos y de cómo preparar tu visita para que sea más provechosa.

La triste realidad es que se trata de un trabajo lento y laborioso, y que con frecuencia se requieren muchos desplazamientos y horas de investigación. Y todos sabemos que el tiempo es escaso y las obligaciones son numerosas, de modo que no podemos pasarnos la vida con la nariz metida en libros viejos.

Por suerte, tenemos internet. En la red no hay horarios, así que puedes buscar de día, de noche o en fin de semana.

Hay miles de webs, blogs, foros y sitios donde buscar. Quizá lo más intuitivo, lo primero que se nos ocurre, es usar el buscador google. Como es poco probable que encuentres información sobre tu tatarabuela Teodora, te recomiendo que uses google para buscar nombres de pueblos y lugares. En google books se encuentra con frecuencia información curiosa (y también valiosa, muchas veces). Recuerda ser prudente y contrastar la información que encuentres.

Una buena idea es unirte a algún foro o grupo de investigación genealógica de la zona que te interese. Los foreros suelen ayudar siempre que pueden, pero debes tener en cuenta que nadie va a hacer el trabajo sucio por ti. No llegues al foro diciendo que buscas a “José Pérez, nacido en Madrid en algún momento entre 1860 y 1910”. Procura ser preciso y aportar toda la información que tengas.

Otra parada obligada es Familysearch, (la web “de los mormones”, para entendernos) donde puedes consultar millones de imágenes de los archivos que van digitalizando por todo el mundo. Es una web de acceso gratuito donde puedes incluso descargar a tu ordenador las imágenes que te interesen.

Un recurso que a mí me gusta mucho, aunque no me aporta muchos datos “directos” es el de las hemerotecas. Es decir, archivos de periódicos antiguos. Aparte de pasar un rato divertido leyendo noticias absolutamente ridículas o insólitas (que hay muchas) puedes aprender mucho de cómo era la sociedad en que vivían tus antepasados: revueltas obreras, huelgas, delitos, accidentes, obras públicas y muchísimas cosas curiosas.

Si tus antecedentes eran gente “de dinero”, quizá se publicaran notas dando cuenta de bautizos, bodas y funerales. Y el asunto de las esquelas tampoco debes descartarlo. Puedes probar aquí.

El portal de archivos españoles PARES es otro lugar que debes conocer como la palma de tu mano. Aparte de muchas otras secciones, cuenta con un portal dedicado a las víctimas de la guerra civil española.

Y como son miles los sitios donde puedes encontrar información y mi post no puede ser tan largo, te dejo una última recomendación: la Gazeta. Es el antecesor del BOE (Boletín Oficial del Estado) y en él encontrarás “Disposiciones y noticias publicadas en los diarios oficiales desde 1661 hasta 1959”. Yo encontré, por ejemplo, listas interminables de soldados españoles fallecidos en la guerra de Cuba; y entre ellos se contaban algunos familiares lejanos míos.

Mucha suerte en tu búsqueda, y sobre todo ¡mucha paciencia!


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Conocerte mejor: el testamento

Cuando empecé a investigar mi historia familiar en 2006, cometí muchos errores de principiante; uno de ellos fue pensar que podía prescindir de investigar en el campo de los testamentos.

En una rama de mi familia he conseguido remontarme hasta cerca del año 1500, y todos los individuos que he encontrado se dedicaban a faenar en el campo. Sólo mi bisabuelo se hizo albañil, y su hijo (mi abuelo paterno) casi terminó la carrera de medicina.

Es decir, todos eran pobres. ¿Cómo iba a imaginar que dejaron decenas de testamentos entre unos y otros?

Mi segundo error de principiante fue pensar en esas personas en términos actuales. No puedes suponer cuál sería el comportamiento de alguien nacido en 1800 pensando con los parámetros de alguien de dos siglos después. Pensar “Si era pobre y trabajó toda su vida rompiéndose la espalda en el campo, ¿para qué iba a hacer un testamento? No tenía nada que legar”.

Tengo bastantes testamentos donde se legan mesas, sillas y ropa de uso diario. ¿Te imaginas ir a un notario y pagarle para que te redacte un testamento donde legas tus vaqueros y camisetas a tus hijos o parientes?

Los testamentos (y los documentos notariales, en general)  aportan muchísima información de distintos tipos. Así que no debes menospreciarlos.

En España, los archivos notariales se denominan “archivos de protocolos”. Los documentos redactados ante notario se conservan en la notaría durante 25 años, y luego pasan al archivo notarial del distrito donde permanecen otros 75 años. Por fin, cuando cumplen el siglo de vida, van a parar al archivo histórico notarial (que suele estar en el archivo histórico municipal o provincial).

En esta última ubicación encontrarás índices de los protocolos notariales (cartas de dotes, poderes notariales, testamentos, etc) ordenados según distintos criterios. Por localidades, por apellidos del otorgante, por apellido del notario que firma, por fecha.

Cosas a tener en cuenta cuando visites el archivo notarial:

– los documentos no siempre se redactaban en la población donde vivía el interesado (porque no había notario, porque estaba de viaje, porque el testador no quería que nadie supiera que visitaba al notario). Ten cuidado y no te limites en tu búsqueda, muévete a las poblaciones cercanas.

– ten paciencia: los testamentos suelen ser muy extensos y llenos de fórmulas que se repiten (por ejemplo, las dos primeras páginas pueden estar dedicadas a florituras religiosas).

– en el acta de defunción del registro civil se suele indicar si el difunto testó o no, y en caso afirmativo, ante qué notario lo hizo.

Si no sabes si existe testamento o no, puedes dirigirte al Registro de Actos de Última Voluntad. Según la web del ministerio de justicia, “el Registro de Actos de Última Voluntad es aquel en el que se inscriben los testamentos, con el fin de garantizar el conocimiento de su existencia una vez fallecidas las personas que los hubiesen otorgado o bien en vida por los propios otorgantes.”

Cumplimentando un formulario con los datos del fallecido (nombre, lugar y fecha de la defunción) y abonando la tasa correspondiente (que ahora mismo es de 3,62 euros), el registro te envía un certificado donde se indica si existe testamento o no, y si lo hay, dónde está.

Ya sé que explicado así resulta un rollo, pero te aseguro que no lo es. En un testamento puedes descubrir muchísimas cosas de una persona: cómo vivía, cómo era su relación con su familia, las deudas que tenía y porqué, las cosas que compraba, las rencillas familiares que existían. Algunos de estos documentos son auténticos folletines, te animo a que los descubras.


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Conocerte mejor: el archivo municipal

archivo municipal

 

Ya tienes tus certificados del registro civil y la información que has recopilado en los archivos de la iglesia. Esto se traduce en un puñado de nombres, domicilios y fechas; pero ¿te vas a conformar con eso?

El siguiente paso es el archivo municipal. Lo encontrarás en el ayuntamiento o en alguna de sus dependencias (la biblioteca municipal, por ejemplo). Ahí puedes encontrar información muy diversa:

  • censos y padrones de vecinos
  • actas capitulares donde se documentan los asuntos tratados en los plenos del ayuntamiento
  • quintas militares
  • registros del cementerio municipal
  • documentos referidos a la beneficencia municipal
  • expedientes de empleados municipales
  • licencias de obras
  • documentación referente a pago de tasas e impuestos
  • y un larguísimo etcétera.

Lo primero: averiguar si existe un inventario y conseguirlo. Repasarlo cuidadosamente y tomar nota de todo lo que te interesa consultar.

Seguramente tendrás que cumplimentar un formulario con tus datos, indicando los documentos que te interesan. En algunos lugares, debes solicitar permiso por escrito con antelación, en una instancia que te facilita el propio archivo. Podrían preguntarte, por ejemplo, porqué te interesan esos documentos y si piensas usar la información obtenida con algún fin particular (preparar un artículo para prensa, redactar una tesis doctoral o publicarla en internet, por ejemplo).

En principio te recomiendo que te centres en lo que te va a suministrar la información más rápida y directa:

  • Padrones de vecinos: son listados (ordenados según distintos criterios) de los vecinos que residían en el lugar. Te permiten localizar a familiares cuya existencia desconocías. Debes tener en cuenta que las fechas de nacimiento que aparecen no son muy fiables, sobre todo si son muy antiguos, pues la gente de aquellos tiempos no acostumbraba a celebrar cumpleaños ni nada parecido.

Conforme avanza el tiempo, los padrones son más organizados y contienen más información; pero si te remontas a principios del siglo XIX (en 1805, por ejemplo) es fácil que te encuentres un padrón donde sólo aparezcan los cabezas de familia. Es decir, si la familia está compuesta por un matrimonio y cinco hijos, por ejemplo, en el padrón sólo aparece el padre. Se suele encontrar la edad, el estado civil, el oficio y el lugar de nacimiento, pero esto depende de cada ayuntamiento.Más tarde se encuentran ya hojas impresas donde se inscribe a la familia completa, y se ordenan normalmente por calles. El padrón era, por lo que he leído, quinquenal (se elaboraba cada cinco años y se iba rectificando conforme la gente se mudaba, se casaba o se moría). Yo conozco al menos un pueblo donde se elaboraba anualmente, pero al no existir una legislación clara al respecto, supongo que dependía mucho de cada ayuntamiento.

  • Quintas militares: una quinta militar es el listado de todos los mozos (varones, quiero decir) nacidos en un determinado año. Cuando los mozos cumplían 21 años, se hacía un sorteo para determinar cuáles debían cumplir con el servicio militar obigatorio. Sólo se elegía a uno de cada cinco, es decir a un quinto de los hombres; por eso el nombre de quintas. Los mozos elegidos por sorteo se denominaban quintos.

El listado de los jóvenes que entraban en el sorteo se sacaba de los libros de bautismos de los parroquias, pues en aquellos tiempos todos los niños se bautizaban. Los mozos podían presentar alegaciones para eludir el servicio militar, como por ejemplo ser hijo único de madre viuda (se suponía entonces que era el hijo quien conseguía el sustento para su madre, y al obligarlo a cumplir el servicio, dejaba a la madre sin modo de vida). Una vez presentadas las alegaciones, una junta iba evaluándolas para denegarlas o aceptarlas; todos estos pasos quedaban prolijamente documentados en los libros del ayuntamiento.

Otros mozos quedaban exentos por algún defecto físico (una extremidad más corta que la otra, por ejemplo), una enfermedad o simplemente por baja estatura (“falta de talla”).

Como puedes ver, los libros de quintas no se reducen a un montón de nombres, como en un principio podría parecer. Contienen mucha información útil y, en muchos casos, pintoresca. Un antepasado directo mío se libró de hacer el servicio militar por padecer “incontinencia de orina”, allá por 1829.

  • Registros del cementerio: te dan datos acerca de dónde se hizo el enterramiento, y el tipo de sepultura. En muchos casos, es el propio cementerio el que mantiene un archivo de enterramientos. Los hay que ya están informatizados, por lo que la búsqueda es rápida y sencilla. Tal como te expliqué en el caso de las parroquias, no hay una norma fija establecida para el acceso a los archivos. Así que, en tu visita al cementerio, vas un poco a la aventura.

Hace varios años contacté con un cementerio que era gestionado por la parroquia principal del pueblo. El archivero de la parroquia, un señor bastante mayor, era quien llevaba los registros de enterramiento. Y, lógicamente, los llevaba según su propio criterio, sin ajustarse a ninguna legislación ni norma estandarizada.

Resumiendo: ve preparado para lo que puedas encontrar.

Una vez que has terminado de revisar estos tres grandes apartados, podrías entretenerte muchísimo leyendo las actas del ayuntamiento, por ejemplo, donde se discute si le conceden la licencia de obra a Godofredo Tomillo Silvestre para instalar un quiosco de bebidas en la plaza de la iglesia. O quizá te interesaría conocer las medidas que adoptó el consistorio para atajar la plaga de cucarachas de 1849, o montones de temas diversos y variopintos.

La semana que viene te hablaré de una de las cosas que más me gusta de la investigación genealógica, que es el fascinante mundo de los protocolos notariales. Ahí descubrirás que tu tía abuela Piluca hizo un testamento donde legaba todos sus bienes a su loro Pancracio. ¡Hasta la semana próxima!


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Conocerte mejor: ¿cómo vivía tu abuela?

pueblos pintorescos

Para mí, una de los aspectos más interesantes del estudio genealógico es lo mucho que aprendes de la vida antigua. Es decir, de la forma en que vivían tus antepasados.

Durante un tiempo colaboré con un familiar en la investigación en nuestras raíces, pero pronto quedó claro que no teníamos los mismos intereses. Él quería remontarse lo más lejos posible, aun cuando sólo reuniera un puñado de nombres y fechas desnudas. Gracias a su trabajo sé que tengo cuatro antepasados consecutivos llamados Alonso Benítez, el más antiguo de ellos cercano al año 1500. ¿Y qué me aporta eso? Poca cosa.

De cada antepasado que localizo, intento averiguar todo lo posible. Me gusta saber en qué calles vivió, a qué se dedicaba, el aspecto físico que tenía…

Para saber cómo vivió alguien, obviamente es importante saber dónde pasó su vida. No es lo mismo un pueblo pequeño que una capital “importante”, y tampoco era lo mismo hace 200 años.

Para el estudio del lugar, te serán útiles los siguientes recursos:

  • bibliografía (libros, artículos en prensa o revistas, tesis doctorales o cualquier escrito referido al lugar que te interesa)

  • blogs de anécdotas, historias curiosas y antiguas

  • habla propia del lugar (puedes encontrar mucha información interesante y curiosa en la red)

  • diccionarios geográficos / estadísticos /históricos de google books

  • grupos en facebook de fotos antiguas

  • guías comerciales (eran algo así como las páginas amarillas actuales)

  • anuncios en periódicos (incluso si se trata de poblaciones pequeñas, a veces se encuentran anuncios interesantes donde se anuncia una vacante en la escuela, por ejemplo; y se detallan las obligaciones que deberá cumplir el maestro y el salario y beneficios que recibirá)

  • prensa antigua (hemeroteca) para conocer los sucesos que acontecían en la fecha que nos interesa: movimientos obreros, mítines políticos, huelgas, o los pequeños acontecimientos de la vida diaria

  • archivos municipales (los veremos la semana próxima)

  • padrones, censos, quintas militares.

Debes tener en cuenta que algunos pueblos pequeños pueden haber cambiado de nombre o incluso desaparecido. Otra cosa que no debes olvidar es que no todo el mundo sabía leer y escribir.

Entre mis ascendientes tengo una familia procedente de la isla de Malta, de un pueblo que sonaba parecido a “Aseitu”. Ellos no sabían escribir, y el funcionario que hizo la anotación no tenía idea de dónde estaba Malta y mucho menos de cómo se escribía aquello. Así que lo escribió tal y como sonaba.

Este problema lo encontrarás a menudo en los apellidos, que se escriben indistintamente con B y con V, por ejemplo. Es algo que debes tener en cuenta a la hora de consultar censos o cualquier listado de personas ordenadas por orden alfabético: comprobar todas las posibles combinaciones (con b-v, con g-j, con y sin “h” y todas las que se te ocurran).

Si tienes tiempo, pasea por el pueblo y por las calles donde vivieron tus antepasados. Visita iglesias y monumentos, fotografía estatuas y todas las cosas más viejas que encuentres. Es una forma de sentirte más cerca de ellos.


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Conocerte mejor: los archivos parroquiales.

archivos parroquiales

El Registro Civil te ha proporcionado información valiosa y precisa. Lo malo es que no te permite remontarte muy atrás en el tiempo, por aquello de que comenzó hacia 1871.

Para ir más atrás, tendrás que acudir a los archivos parroquiales. Aquí te vas a encontrar mucha variedad:

  • en algunas parroquias, podrás buscar por ti mismo en los libros

  • en otras, tendrás que solicitar que hagan la búsqueda por ti

  • en unos sitios te cobrarán

  • en otros no tendrás que pagar nada

  • en algunos archivos podrás “llegar y pegar” (los menos)

  • en la mayoría, tendrás que llamar previamente para acordar un horario de visita

  • en algunas parroquias puedes hacer fotos de los libros

  • en otras no te dejarán ni mirarlos desde lejos, y tendrás que conformarte con una copia transcrita por la persona responsable del archivo

  • en algunos archivos hay índices exhaustivos

  • en otros te volverás loco rebuscando entre papeles viejos (si te dejan tocarlos, claro está).

Como puedes ver, cada parroquia lleva un sistema diferente y es necesario informarse antes de acudir para no llevarse sorpresas desagradables. A través de internet puedes localizar sin problema el teléfono de la parroquia que te interese, y en muchos casos incluso una dirección de correo electrónico. Siempre es buena idea avisar de tu visita previamente y, por supuesto, llevar los deberes hechos.

Tuve que acudir en muchas ocasiones a una parroquia de un pueblo distante a mi domicilio. Cobraban 6 euros por hora de búsqueda, y la búsqueda debía hacerla yo, mientras la persona responsable del archivo se ocupaba de otros asuntos más productivos. Dos horas los lunes y otras dos los jueves, un total de 24 euros a la semana (aparte de los gastos de desplazarme hasta allí). Eso sí, podía hacer todas las fotos que quisiera, revisar los índices y los libros con total libertad.

En otra parroquia, tuve que presentar una petición por escrito y volver al cabo de varios días. Me entregaron una copia transcrita por la archivera y sellada para garantizar su veracidad. El precio fue de 5 euros. Yo hubiera preferido una foto de la página original del libro, pero no pudo ser.

Con otras parroquias más lejanas he contactado por correo electrónico o por carta para hacer mi solicitud. A pesar de la evidente ventaja de la inmediatez del mensaje electrónico, sigo enviando muchas cartas. Para algunos párrocos o archiveros que tienen cierta edad, es más inofensiva una carta y son más receptivos. Además, la carta tiene una presencia física y la estás viendo encima del escritorio; del e-mail te olvidas rápidamente en cuanto apagas el ordenador (o incluso antes).

En resumen:

  • entre todos los papeles que has recopilado, determina cuáles son las parroquias que te interesan. Para esto te serán muy útiles: invitaciones de boda, recordatorias de difuntos, esquelas en periódicos, notas de prensa dando cuenta de un matrimonio o defunción…

  • prepara una lista para cada parroquia, indicando claramente lo que buscas (nombres, fechas y toda la información que tengas)

  • averigua cómo funciona el archivo de cada parroquia (horarios, forma de acceso, si hay que hacer algún tipo de petición por escrito…)

  • contacta con el responsable del archivo para concertar una cita

  • ármate de paciencia y sé educado (no sabes si tendrás que volver muchas veces, así que más vale no pelearse con nadie)

  • estudia bien los datos obtenidos. En pueblos pequeños, es habitual que varias generaciones consecutivas se hayan bautizado, casado y enterrado en la misma parroquia.

  Nos vemos la semana que viene, que ya será Septiembre y habrá comenzado mi reto de los 122 días. ¡No te lo pierdas!


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Conocerte mejor: el registro civil.

registro civil

En el registro civil se inscriben los nacimientos, los matrimonios y las defunciones. En España empezó a funcionar oficialmente en 1871 aunque en algunos municipios hubo un pre-registro entre 1840 y 1870. Los libros de este registro se conservan en los archivos municipales correspondientes.

A partir de 1871, debían registrarse todos los nacimientos, matrimonios y defunciones. En estos certificados se puede encontrar mucha información útil para nuestra investigación, y teniendo en cuenta que los trámites son gratuitos, han de ser el primer paso.

Los certificados puedes solicitarlos por carta, rellenando un impreso y enviándolo al registro de la localidad donde ocurrió el hecho que investigas (nacimiento, matrimonio o defunción). En el impreso debes indicar la fecha del hecho, y a veces también sirve si pones una fecha muy aproximada. Esto dependerá de la carga de trabajo del personal del archivo, y de la existencia de índices de los libros que faciliten la búsqueda. Alguna vez te devolverán el impreso indicándote que no aparece nada en el registro para la fecha y nombre que has indicado. Otras, no tendrás ninguna respuesta en absoluto. No pasa nada, hay que seguir adelante.

Otra forma más cómoda de solicitar el certificado a través de internet. Es el mismo impreso pero tienes que rellenarlo online. Un detalle importante es el tema del “tomo” y el “folio”, que aparecen como campos requeridos (es decir, que hay que rellenarlos obligatoriamente). Como lo más normal es que no los conozcas, pones 0 en cada uno de ellos y ya está.

Si todo va bien y con un poco de suerte, en 3 semanas (o varios meses, nunca se sabe) tendrás en tus manos el certificado del registro. Ahí encontrarás domicilios (que te serán útiles más adelante para buscar en los padrones de vecinos), nombres de los padres, de los abuelos (en los certificados de nacimiento) o de los cónyuges e hijos (en los de defunción). En algunos certificados de defunción, se indica que el difunto testó ante el notario don Pepito Pérez Montesdeoca: esto también te servirá cuando te adentres en el fascinante mundo de los testamentos.

Consejos:

  • En el campo donde dice “finalidad con la que solicita el certificado” escribe : ASUNTO DE FILIACIÓN. No pongas nunca nada que incluya el término genealogía ni similar, porque a veces no da buenos resultados.

  • Lleva un diario donde anotes todos los certificados que vayas pidiendo. Márcalos como recibidos cuando los tengas en tu poder. Si recibes el impreso de vuelta, indicando que no aparece en el registro, anótalo también. En el futuro, te ahorrará mucho tiempo.

  • Escanea los certificados para conservarlos en forma digital, y si tienes tiempo y ganas, transcríbelos en un documento de texto. De este modo podrás localizar fácilmente cualquier dato haciendo una búsqueda en el ordenador, en lugar de tener que revisar las 3 carpetas con 261 certificados en papel que tienes guardadas en el altillo del armario de tu hijo pequeño.

  • En España, los certificados del registro civil no cuestan nada. Ten cuidado con las empresas que se dedican a “buscar” el certificado para ti, a cambio de cantidades a veces superiores a los 50 euros.

 

La semana que viene visitaremos los archivos parroquiales. ¡No te olvides de venir!