Método Pominola

El disco duro de tu vida

4 comentarios

¿Te acuerdas de esta foto?

Sinfonia Smith

Es la que utilicé para ponerle cara a Sinfonía Smith. Este cuadro lo pinté hace ya unos cuantos años (en 2007) y más tarde reutilicé el lienzo pintando encima; de modo que lo único que quedó de él fue esta foto. Mientras escribía la historia, me acordé del cuadro y pensé en recuperar la foto. De modo que saqué los discos duros antiguos y empecé a buscar.

Revisar discos duros antiguos es como viajar en el tiempo. Te encuentras montones de cosas que no recordabas, y muchas de ellas ni siquiera entiendes porqué decidiste guardarlas. Ahora ya no te dicen nada.

Después de un rato rebuscando entre recetas vegetarianas, fotos de temas diversos y documentos surtidos, te haces una idea bastante clara de lo mucho que has cambiado en los últimos años. A pesar de que, echando la vista atrás, te parece que sigues siendo la misma de hace 20 años, cuando empezaste la universidad.

Estudiando el contenido de los discos duros he sacado varias conclusiones, y no estoy segura de que sean muy positivas.

Por un lado, veo que me “obsesiono” con un determinado tema y lo exprimo hasta agotarlo por completo (ya he dicho muchas veces que me fascinan los árboles desnudos; y en un disco duro he encontrado cientos de fotos de árboles en floración, sobre todo almendros).

Por otra parte, he encontrado listas de cosas que quería hacer y descripciones más o menos detalladas de proyectos que pensaba acometer y que nunca llegaron a materializarse. Esta es una faceta mía que me disgusta bastante: yo solía pensar que era falta de constancia, pero alguien me dijo que tengo una mente creativa.

Recuerdo que, en mis tiempos de instituto, tenía montones de cuadernos nuevecitos dedicados a temas variopintos: experimentos científicos, extractos de libros que iba leyendo y listas de libros por leer, apuntes de alemán, francés e incluso esperanto. Sí, hija, sí. Hubo un tiempo en que estudié esperanto.

Empezaba todos aquellos cuadernos con ímpetu, con entusiasmo, pensando que había encontrado por fin “mi vocación”; pero a las pocas semanas (o incluso días) aparecía algo nuevo que desviaba mi atención. Y volvía a empezar el ciclo.

Por eso me hizo gracia encontrar, entre los papeles de mi padre, una carpeta llena de cuadernillos escritos a mano. Los había de idiomas, de geografía, de religión (no solamente católica), de historia antigua. Y otra carpeta repleta de recortes de periódico y folios manuscritos acerca de los temas más disparatados que te puedas imaginar. Eran los discos duros de mi padre, y me sentí un poco mal al revisarlos a pesar de que él mismo me animó a hacerlo.

Revisar los escritos de alguien es asomarte a su interior, mirar donde quizá nadie ha mirado antes. Incluso en los cuadernos de geografía o idiomas, donde aparentemente no se esconde nada íntimo o personal, puedes vislumbrar a la persona que los escribió. Así me di cuenta de que mi padre y yo somos igual de metódicos y cuadriculados, y que sin embargo compartimos la misma “mente creativa” (dispersa y errática). Me ayudó a comprenderle mejor, y también a comprenderme a mí; y descubrí que a veces las cosas se hacen simplemente por el placer de hacerlas, y no para alcanzar una meta.

Yo disfrutaba estudiando esperanto, y escribiendo comentarios acerca de los libros que leía. No sacaba de aquello más que mi propio placer, y con eso era suficiente. Me viene bien recordarlo ahora, cuando mi vida se ha convertido en una carrera interminable detrás de una zanahoria que no llego a alcanzar nunca. Ha llegado el momento de detenerse y pensar.

¿Qué quiero hacer?

Pero no dentro de un año, ni el resto de mi vida. Justo ahora.

Escribir.

No ha sido tan difícil, después de todo. Sólo he tenido que parar un instante y la respuesta ha llegado sola: Analía Babel.

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

4 pensamientos en “El disco duro de tu vida

  1. Mu gustó el cuadro, tienes talento (:

  2. Me encanta! Estoy contigo en lo de hacer mil cosas variopintas, por el placer de hacerlas. Nos han/hemos convencido de que tenemos que dedicar nuestro tiempo a hacer sólo cosas “productivas” y me parece un error – del que no me parece fácil librarme a veces, aunque lo intento porque me interesan mil cosas…

    Pero es que además pienso que tu eres todo aquello que hiciste: la Conchi de ahora no sería lo que es si no hubiera estudiado esperanto, alemán, francés,… Si no hubiera tomado aquellas notas ni iniciado aquellos proyectos, incluso aunque no hubieran sido continuados. Todo lo que hacemos nos influye y nos conforma. Y pienso que, si es algo que disfrutamos, nos “nutre” el espíritu y la mente.

    Valora lo que eres, a mi me parece muy interesante. Y, ¿tu crees que escribirías y pintarías como lo haces si no hubieras hecho todo aquello?

    Besos,
    FM

    • Mira, precisamente hace unos días hablaba con mi hermana de las carreras que habíamos elegido, y a las que no nos dedicamos laboralmente. A veces he pensado que, si volviera a tener 18 años, estudiaría algo completamente distinto; pero lo cierto es que no cambiaría nada de lo que he hecho. Quizá me tomaría las cosas de otro modo, pero haría exactamente lo mismo porque ese cúmulo de decisiones es el que me ha traído adonde estoy ahora.

      Un beso para ti también.

Y tú, ¿qué opinas?

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