Método Pominola

Los zapatos de Atticus

4 comentarios

resuelvo tus problemas

Hace ya bastante tiempo (no recuerdo cuánto) me puse un día a buscar en internet trucos y consejos para perder peso. Digo que hace bastante tiempo, porque ahora ya sé exactamente lo que tengo que hacer para perder peso.

El caso es que, saltando de un lado a otro, me encontré de pronto metida en el blog de una chica joven con trastornos alimentarios. Cuando empecé a leer, ya no pude parar; era espeluznante y, a la vez, me parecía tonto y absurdo. Al igual que solía ocurrirme con el tema del maltrato machista, no entendía lo que aquella niña contaba. ¿Tanta pataleta por comerse un yogur desnatado?

En días sucesivos seguí visitando su blog, no sé bien porqué. Se había propuesto una meta: llegar a los 48 kilos de peso (pesaba 49 y pico). Aparte de ayunar, purgarse, tomar cantidades ingentes de laxantes y matarse a hacer deporte, también se autolesionaba. Cuando se sentía mal, se cortaba con una cuchilla en los brazos y los muslos. Y colgaba fotos de las heridas, de sus costillas prominentes, de los manojos de pelo que se le quedaban pegados a la almohada. Pero eso no era lo peor. No era lo más terrorífico.

Lo peor, lo que me aterrorizaba, no era eso. Era la frase que repetía obsesivamente, como un mantra.

“Cuando llegue a los 48, todo estará bien. Seré feliz, por fin”.

A ratos me daba lástima, pero casi todo el tiempo sentía rabia. ¿Cómo podía ser tan ciega? ¿De verdad pensaba que perdiendo x gramos se iban a esfumar sus problemas?

Es muy fácil opinar acerca de los problemas de los demás. Facilísimo encontrar soluciones, o decidir en las cuestiones más espinosas. Yo soy experta en encontrar soluciones para los demás: mi familia siempre me pide ayuda y consejo en los temas complicados, y curiosamente se me ocurren ideas con facilidad. Pero luego, cuando se trata de mí, la cosa cambia.

Hay una frase que me gusta mucho, aunque al principio no creía mucho en ella. Es de Atticus Finch, el protagonista de Matar un ruiseñor:

“Uno no comprende realmente a una persona hasta que no se mete en sus zapatos y camina con ellos”.

(Este libro está lleno de frases memorables. Si no lo has leído, te recomiendo que lo hagas. Y cuando lo hayas terminado, busca la película de Gregory Peck, que es otra joya).

Yo también persigo una meta ficticia, mis propios “48 kilos”. También me suelo decir, antes de dormirme, que “mañana haré esto y lo otro; y cuando lo consiga, seré feliz por fin”. Enseguida llega mañana, y no hago nada más que posponer la meta un día más.

Ahora comprendo realmente a la chica que se corta y no quiere comer. Puedo decir que ya me he metido en sus zapatos y estoy caminando con ellos.

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

4 pensamientos en “Los zapatos de Atticus

  1. Si, te entiendo porque a mi también me sucede lo de ver soluciones a problemas de otros y no a los propios. Yo me acuerdo ahora con frecuencia de las opiniones-consejo que le daba a mi madre cuando me contaba los problemas que tenía con mi hermana (mucho más joven que yo). Ahora que tengo hijos, me doy cuenta de lo complicado que es “hacerlo bien “.
    Por un lado , esta lo de ponerse en los zapatos ajenos, que razón tienes. Por otro, esta la implicación emocional que sufres cuando tu eres quien tiene el problema; eso , a menudo, hace más difícil que puedas tomar distancia y ver con claridad. Respecto a las metas, sigue pareciéndome muy razonable el post que escribiste hace casi un año sobre ellas. Pero seguirlo cuesta más que escribirlo o leerlo… 😉
    Mucho ánimo!

  2. ¡Gracias por los ánimos!
    No sé si es por la primavera o qué, pero estoy de un flojo…

    • Yo ultimamente también estoy de un flojo que para que, no se si es la primavera, la crisis de los 40 o el realizar cambios en mi vida que estaban muy enquistados, no se lo que es pero no termino de estar bien ni a gusto conmigo misma ni con nada en general. Me imagino que intentar cambiar la vida para ser más feliz es lo que tiene, que atraviesas por períodos de adaptación que no son fáciles. Un besazo, me gusta leerte aunque no siempre deje comentarios.

      • A mí se me ha juntado todo, Cari. Los 40, la primavera y una faringitis que no me acabo de curar.

        Pero bueno, como a mí me gusta pensar, nada es para siempre. Tanto lo bueno como lo malo, al final se acaban.

        Recibo tu besazo y te mando otro para ti.

Y tú, ¿qué opinas?

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