Método Pominola

Como una cabra

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cabras

Después de escribir la última entrada,donde te contaba la historia de Julia, me quedé mal. No por la historia, que ya no me impresiona demasiado por haberla sufrido yo durante años en carnes propias. No. Es que me llevé veinte minutos intentando terminar de escribirlo, darle el remate o la puntilla o como lo quieras llamar. Y no pude; escribí varios finales alternativos y los terminé descartando todos.

Pensé en algo así como “sólo tú puedes arreglar la situación, ponte las pilas” o “no va a venir nadie a sacarte las castañas del fuego”. O también algo del tipo “no te preocupes, hay esperanza para ti”.

El caso es que no me sale. No me sale decir esas cosas, porque yo NO SOY NADIE para ir por ahí diciéndolas; no sé cuál es tu situación ni lo que estás sufriendo ni nada. Y aun cuando lo supiera, tampoco me atrevería a darte soluciones ni recetas.

Como te decía al principio, me quedé mal; yo quería escribir una entrada “redonda” y no pude. Después me consolé pensando que, quizá, la historia de Julia le serviría a alguien para pensar en el tema y sacar sus propias conclusiones. Y dije “sí, eso es, escribiré entradas para hacer a la gente reflexionar”.

Pero tampoco me parece bien pasarme la vida filosofando en el blog hasta que te duela la cabeza… Y ahí ya me di cuenta de que estaba hecha un lío. Me propuse parar unos días para pensar en ello, a pesar de que tenía pendiente de escribir la historia de Cornelia Starr, la bebedora de lágrimas, para el bazar. “Que espere Cornelia. – pensé – Esto es más importante”.

Y pensé hasta ponerme de los nervios y no saqué nada en claro. Fui a leer otros blogs, y aprendí que debo publicar con regularidad para que la gente me siga. Que, sobre todo, debo publicar contenido de calidad, que a los lectores les resulte útil, porque si no, se irán a leer a otro lado.Y me encontré montones de posts de tipo “Por qué debes ducharte con frecuencia para sentirte bien” (es un ejemplo que me invento, quede claro). Y dicen cosas lógicas, y ciertas, y la gente comenta “yo me ducho por la mañana y empiezo el día de buen humor” o “yo prefiero ducharme por la noche, cuando llego del trabajo, porque me quedo muy relajada y duermo mejor”.

Bueno, pues ya tampoco sirvo para eso. O quizá es que no me entrenado lo suficiente.

Esta mañana, mientras planchaba, me vino otra vez el chorro de ideas; y conocí a Analía Babel, la mayor de las tres hermanas y la única que eligió bien. Me contó su historia mientras yo doblaba las prendas o las colgaba en los armarios.

Y entendí por fin. Comprendí que mi blog no tiene estrategia. No publico periódicamente, un día fijo, acerca de un tema concreto. Normalmente vengo, después de varios días de malestar, y me vacío aquí. Ordeno mis pensamientos, alivio mis desvaríos y sigo funcionando. Supongo que es una terapia que me ayuda a no terminar como las cabras de la foto.

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

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