Método Pominola

Conocerte mejor: es hora de escribir tu historia

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libro

Hace dos días que mi netbook se comporta de forma rara, y me doy cuenta de que se acerca su final. Hace año y pico fue el pc el que se “murió” sin previo aviso; y recuerdo perfectamente la sensación de pánico cuando pensé que había perdido para siempre casi seis años de investigación genealógica.

Los ordenadores son utilísimos, eso nadie lo duda; y está muy bien poder almacenar miles de fotos de la infancia de tus hijos en un dispositivo diminuto. Pero un día el ordenador se quema, el pendrive se pierde y te quieres morir.

Por todo esto, 2 consejos:

– haz copias de seguridad con frecuencia

– escribe la historia de tu vida al modo “antiguo”, es decir, en papel. No sabemos cómo serán los ordenadores dentro de 200 años, ni qué dispositivos de lectura existirán; pero seguro que la gente seguirá teniendo 2 ojos en la cara para leer.

Vamos allá.

Has reunido un montón de papeles, fotocopias, cartas, postales, fotografías, actas, recortes y millones de cosas más. Ahora te toca organizar la información, ordenar datos, darles coherencia, hilvanar una historia; de otro modo, no tendrás más que un cajón repleto de papeles.

Durante años, recopilé cientos de datos y los fui acumulando de cualquier manera. Cuando el montón fue creciendo, comprendí que debía organizar todos aquellos papelotes; y fui probando distintas maneras (por población, por apellido, por fecha, por tipo de documento) y distintos envases (carpetas, archivadores, programas informáticos). Llegó un momento en que no podía encontrar nada, por sencillo que fuese; y decidí que debía organizar todo aquello de un modo eficaz y definitivo. Un libro.

Desde que era adolescente he fantaseado con la idea de escribir un libro recopilando todas las historias familiares que mis padres me han ido relatando a lo largo de los años, con la idea de conservarlas para las siguientes generaciones.Escribir un libro parece algo sencillo, y quizá para mucha gente lo sea, pero a mí se me antojaba una tarea dificilísima. Por ello lo fui postergando sin darme cuenta, buscando excusas y pretextos.

Primero, porque tenía aún poca información. Luego, porque no me había documentado lo suficiente y no me veía capaz de situar los relatos en su contexto histórico. Y cuanto más leía y más aprendía, más consciente era de lo mucho que me quedaba por leer y aprender. Así que decidí seguir un consejo que oí hace poco: “El momento es AHORA. No esperes a estudiar más, a hacer un curso más, a leer un libro más. Hazlo y ya está.”

No se trata de una novela. Quiero decir que no hace falta que tengas grandes dotes literarias para escribir tu libro de historia familiar; después de todo, se supone que no lo vas a presentar al premio planeta. Es para ti y para tu familia, al menos en principio. Piénsalo de esta forma y te sentirás más relajado al escribir; imagina que no va a leerlo nadie, que lo haces solamente para ti, para organizar los datos y tenerlos más claros.

Precisamente porque no es una novela, evita rellenar los huecos con elementos “de tu cosecha”. Si no sabes cómo ocurrió algo, no te lo inventes. Si vas a hacer una suposición, asegúrate de indicar que es eso, una conjetura tuya. No pasa nada por dejar lagunas en el relato.

Prueba a escribir como si estuvieras contándole la historia a un niño. ¿Has contado alguna vez un cuento a un niño de 4 años? No puedes decir dos frases seguidas sin que el niño pregunte “¿Por qué?”.

Si estás escribiendo, por ejemplo, que tus bisabuelos emigraron a Cuba a principios del siglo XX, pregúntate porqué lo hicieron. Cómo lo hicieron. ¿Cómo era un viaje transatlántico en esos tiempos? ¿Cuánto duraba? ¿Cuánto costaba? ¿En qué condiciones viajaban? ¿Necesitaban pasaporte? ¿Cómo y dónde se conseguía?

Donde antes tenías una frase diciendo “mis bisabuelos emigraron a Cuba a principios del siglo XX”, ahora tienes diez páginas que hablan sobre los viajes de ultramar. O quizá más de diez, eso ya depende de ti. Del nivel de detalle al que quieras llegar.

Yo tengo un problema con el nivel de detalle, y es que nunca sé cuándo parar. Con frecuencia me encuentro leyendo acerca de cosas insospechadas… Por seguir con el ejemplo de Cuba, me propongo averiguar algo sobre la travesía de los bisabuelos y lo busco en google. Y dos horas más tarde me encuentro leyendo un artículo sobre los ingenios azucareros, o la exención del servicio militar para los españoles que residían en las colonias (a cambio de una cantidad de dinero, claro).

Y son temas interesantes, y aprendes mucho; pero te desvías del tema principal y te vas por las ramas. Por unas ramas que no habías pensado explorar.

Hay que tener claro hasta dónde quieres llegar, y ceñirte a ese nivel. Porque te puedes llevar veinte años de tu vida escribiendo sobre el viaje a Cuba, y al final tendrás para dos enciclopedias y siete tesis doctorales: pero no habrás escrito ni una palabra sobre tu familia materna, oriunda de Esparragillo de la Sierra. Y seguro que en Esparraguillo pasaban también muchas cosas de interés.

De modo que, una vez que has decidido lanzarte, lo primero que debes hacer es determinar qué temas vas a tratar y con cuánto detalle. Quizá te interesa especialmente tu familia paterna, o la materna; o te vas a centrar en un pueblo o en un evento concreto (la guerra civil, por ejemplo). O quizá, como yo, vas a intentar recoger todo lo que tienes acumulado.

El planteamiento que yo me hice de recogerlo todo tiene una dificultad evidente, que te vas a encontrar en el minuto cero: ¿por dónde empiezas?

En mi caso (y quizá en el tuyo también) hay personajes que me resultan más simpáticos o de los que tengo más información; o acontecimientos que considero más interesantes o dignos de relatar. Si no sabes absolutamente por dónde empezar, aquí tienes la solución: empieza por ti. Después de todo, se supone que eres el personaje de la historia al que mejor conoces, ¿no es cierto?

Puedes empezar explicando porqué has decidido escribir tu historia familiar, por ejemplo, y dirigirte a un supuesto lector que podría ser algún descendiente tuyo (un hijo, un nieto o quizá alguien aún más lejano en el tiempo). Cuéntale un poco quién eres y porqué vas a explicarle todas esas viejas historias.

Y luego, ponte a escribir como un loco. No te pares a corregir demasiado, ni pierdas mucho tiempo con florituras. Escribe como si las palabras te quemaran los dedos; ya tendrás tiempo para literatura más adelante.

Escribe con detalle y minuciosidad; no des nada por sabido. Lo que para ti es evidente, dentro de 200 años ya no lo será tanto. Y nadie ha dicho que tu libro no vaya a sobrevivir dos siglos… Ya que te tomas el tiempo y la molestia de escribirlo, hazlo a conciencia.

Si hay partes de tu historia que se desarrollan en pueblos pequeños, debes tener en cuenta que estos lugares tienen con frecuencia un léxico propio. Te habrás dado cuenta de que tu abuela del pueblo “habla raro” y dice “palabras del pueblo” que no entiendes. Si no las entiendes, averigua lo que significan; y cuando conozcas el significado, hazle un favor a las generaciones futuras y déjalas por escrito.

Añade fotos con sus descripciones correspondientes. Piensa otra vez en las generaciones futuras, que quizá no tengan ni idea de que “mili” es el nombre coloquial del servicio militar obligatorio. Puede que no haya ni siquiera servicio militar dentro de 200 años, y nadie entenderá porqué tu padre llevaba aquel disfraz de marinero. Puedes escribir algo así como “Mi padre en 1950, durante el servicio militar obligatorio (mili) con su uniforme de recluta”.

Escribe un libro fácil de leer. Imagina algo como: “Doña Mencía de Riogordo y Panzaflorida casó en 1802 con el capitán de la armada Don Felipe Pérez del Romero, y hubieron de esta unión cinco hijos, llamados Raimundo, Dolores, Enriqueta, Arcadio y Leónidas; el primero casó en Pamplona con Doña Violante de …”. Si ésta es toda la información que tienes, mejor dibuja un arbolito o diagrama y ya está.

Una buena idea es darle a leer el borrador a alguien que no esté ni mínimamente interesado en el tema (como mi sobrino de 17 años). Si consigues que lo lea sin dormirse en cada párrafo, es que vas por buen camino.

Incluye un prólogo o una nota o lo que sea hablando un poco de ti. Dentro de 100 años, tú también serás un personaje interesante para tus nietos y bisnietos. Facilítales el trabajo.

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

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