Método Pominola

Reto de los 122 días: Día 14

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Durante años tuve una amiga, a la que llamaré Alicia, que podría definirse como una “ladrona de energía ajena”.

Estoy segura de que no lo hacía con mala intención, pero tenía la terrible capacidad de robarme toda mi energía.

Imagina que se te ocurre una idea genial para un negocio, o tienes un proyecto en mente, o simplemente te ilusionas con una nueva afición. Lo normal es que quieras compartirlo con tus amigos, o al menos con tu mejor amigo. Le empiezas a hablar con entusiasmo, con optimismo, esperando contagiarle todas tus buenas vibraciones; y en lugar de eso, te vas desinflando poco a poco hasta sumirte en el desánimo y la desesperanza.

Lo que antes era de colores brillantes, ahora es de un tono gris desvaído; y no entiendes porqué, pues tu amigo sólo te ha dicho cosas como “ah, qué bien”, “bueno, si tú crees que eso va a funcionar, pues bien…”

Alicia me decía cosas de ese estilo, o simplemente me miraba sonriendo con sus dientecillos pequeños y puntiagudos. Y yo me iba arrugando, encogiendo, difuminando. Nos despedíamos y yo me volvía a casa con una desazón y una tristeza que no entendía. Con la sensación de que me había arrebatado algo precioso que ya no podría recuperar.

Con el tiempo supe que no era yo la única que se sentía así. La prima de Alicia, que era para ella como una hermana, me explicó que Alicia no tenía sueños propios. Nunca planeaba nada, no se entusiamaba con ningún proyecto y simplemente se dejaba llevar a donde la vida la arrastrara.

Nuestros caminos se separaron, y durante varios años no supe nada de ella. Y cuando nos reencontramos me llevé una extraña sorpresa…

Alicia se había convertido en una copia casi exacta de su prima: hablaba igual, se vestía igual e incluso sus gestos eran copiados. Había elegido la misma profesión y se dedicaba al mismo trabajo, y sus aspiraciones eran idénticas.

Hablamos un rato, no le conté nada importante y me marché sintiendo tristeza. Pero esta vez estaba triste por ella, y no por mí.

ladrón de sueños

Tus sueños son tan frágiles como preciosos. No se los confíes a cualquiera: podrían aplastarlos de un pisotón.

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

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