Método Pominola

Conocerte mejor: Visitando a tus mayores

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hablando con mayores

Si la semana pasada te convencí, ahora estarás pensando: “Vale, voy a visitar a la tía Aurelia este fin de semana y que desembuche todo lo que me pueda interesar”.

No funciona exactamente así. O, mejor dicho, no funcionará si vas con esa mentalidad. Si la tía Aurelia es como las señoras mayores que conozco, estará encantada de contarte cosas de su vida, de su infancia, de sus padres; pero no te va a dictar apuntes, como es lógico. Te voy a dar una serie de pautas que a mí me funcionan. Algunas son de sentido común, pero a veces estamos tan ansiosos de llegar a los pasajes “jugosos” de la historia, que nos olvidamos.

  • No vamos a interrogar a nadie. El objetivo es mantener una conversación para obtener información, pero no todo vale. Hay que ser educado, sutil y preguntar con delicadeza. No entres a saco diciendo: “Oye tía Aurelia, ¿qué es eso de que tu hermana Roberta se quedó preñada cuando la guerra?”

  • No juzgues, ni critiques; intenta empatizar con tu tía, que sienta que la comprendes. Seguro que tú no habrías hecho lo mismo que ella, pero tú no estabas en medio de una guerra con cuatro niños pequeños que alimentar.

  • No te pongas a tomar notas como un taquígrafo, porque eso le corta el rollo a cualquiera, por muchas ganas que tenga de hablar. Intenta retener todo lo que puedas en la memoria, y luego podrás transcribirlo; o usa una grabadora que sea discreta y no resulta intimidatoria o amenazante.

  • Ten paciencia. No te está contando una novela de Corín Tellado, con introducción, nudo y desenlace. Es su vida lo que está narrando, y probablemente habrá continuos saltos adelante y atrás y comentarios que no parezcan encajar con el resto. Recógelo todo; ya tendrás tiempo de colocar cada cosa en su lugar.

  • No tengas prisa por obtener la información “jugosa”, llegará a su tiempo si sabes esperar. A los mayores les gusta extenderse en sus narraciones, porque muchas veces no tienen con quién hablar. Si se va por las ramas, déjala y escucha con atención. Terminará bajando al suelo más tarde o más temprano.

  • Lo normal es que tengas que hacer varias “sesiones”. Cuando la tía Aurelia se quede sola después de tu visita, las cosas que te ha contado estarán frescas en su memoria y continuarán procesándose en segundo plano. En la siguiente sesión (no muy alejada en el tiempo de la primera) habrá recordado algunos detalles nuevos.

  • Tras la visita, te toca poner por escrito todo lo que te ha contado. Intenta ser minucioso y exhaustivo. Si la tía Aurelia se emocionó hasta romper a llorar al contarte lo de su hermano el que murió en Tetuán, escríbelo. Tú lo has visto, pero tus hijos y tus nietos, no. Ellos no conocerán a la tía Aurelia, y quizá dentro de cuarenta años quieran saber cómo era. No se trata de novelar la narración, pero estará más viva si le añades su dosis de emoción y sentimiento. Nada de “Hermano muerto de sífilis en Tetuán. Hermana Roberta preñada cuando la guerra. Bebé tuberculoso.”

  • Cuando lo pongas por escrito, te vas a dar cuenta de que algunas cosas (fechas, lugares, parentescos) no cuadran del todo. Señálalos para sacarlos a colación en la próxima visita, nuevamente de forma sutil y natural. En plan: “Tía Aurelia, el otro día me quedé muy impresionado con lo que me contaste de tu hermana Roberta. Tuvo que ser muy duro para ella, en esos tiempos… porque fue durante la guerra, ¿verdad?”

  • Anótalo todo, pero no des nada por cierto hasta que lo compruebes. Mi abuelo materno dijo durante toda su vida que había nacido en 1905, y estaba convencidísimo de ello (¿por qué iba a mentir en algo así?). Ahora tengo su partida de nacimiento, donde aparece con toda claridad que nació en Enero de 1904. No es que quieran engañarte (aunque a veces sí), sino que a fuerza de tanto repetirlo se lo han terminado creyendo.

  • Y como te dije antes, consigue que te preste TODOS los documentos que tenga (no sólo las fotos). No desprecies nada, porque todo eso puede terminar en la basura dentro de poco, y será irrecuperable.

Algo que debes tener en cuenta es que cada persona recuerda y narra de un modo distinto. En mi caso, por ejemplo, mi padre es extraordinariamente prolijo en detalles.

No ve el bosque; ve el árbol y te lo describe con exasperante exactitud y minuciosidad. Recuerda los nombres y apellidos de sus compañeros de la mili, después de cincuenta años o más. Recuerda datos insospechados, increíbles y muchas veces inútiles; es una fuente valiosísima de información objetiva.

Pero no le preguntes por personas, caracteres, relaciones familiares. Es incapaz de dar información de ese tipo.

Mi madre es todo lo contrario; no te puedes fiar de los detalles pero le da vida al relato. Este tipo de información “subjetiva” debes tratarla con un cuidado exquisito, porque no sabes dónde termina la realidad y dónde comienza la fantasía del narrador.

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

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