Método Pominola


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¿Te gusta mirar?

jugando

Cuando yo tenía once o doce años, a mi hermano mayor le regalaron una consola de videojuegos. Las consolas de entonces no se parecían en nada a las máquinas de ahora: aquello era una caja negra de plástico con una ranura en la parte superior donde se insertaba un cartucho del mismo plástico negro.

Junto con la consola le regalaron, naturalmente, un buen montón de juegos. Juegos muy rudimentarios, primitivos, de gráficos pobres y nada atractivos. Pero para nosotros fue una especie de revelación. Antes de eso sólo habíamos jugado con el commodore 64, donde los juegos eran cintas de cassette que hacían terribles chirridos al cargarse.

Recuerdo las largas tardes de verano sin nada que hacer, cuando alguno de nosotros (mis hermanos o yo) proponíamos jugar a videojuegos con la consola.

Hace unos meses me acordaba de la consola y de aquellos juegos, y me di cuenta de una cosa. Yo casi nunca jugaba. Prefería mirar cómo jugaban los demás.

No sé si era por miedo a perder, o a hacerlo mal y que se rieran de mí; pero lo cierto es que yo prefería observar cómo jugaban los demás. Han pasado muchos años desde aquello, pero hasta hace poco seguía mirando lo que hacen los demás. Pensando (fantaseando) que yo podría hacer lo mismo que ellos si quisiera, si tuviera tiempo, si…

He perdido mucho tiempo mirando, ¿sabes? Demasiado. Pero eso se acabó. Me quedan muchos millones de milisegundos por delante.


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Conocerte mejor: los archivos parroquiales.

archivos parroquiales

El Registro Civil te ha proporcionado información valiosa y precisa. Lo malo es que no te permite remontarte muy atrás en el tiempo, por aquello de que comenzó hacia 1871.

Para ir más atrás, tendrás que acudir a los archivos parroquiales. Aquí te vas a encontrar mucha variedad:

  • en algunas parroquias, podrás buscar por ti mismo en los libros

  • en otras, tendrás que solicitar que hagan la búsqueda por ti

  • en unos sitios te cobrarán

  • en otros no tendrás que pagar nada

  • en algunos archivos podrás “llegar y pegar” (los menos)

  • en la mayoría, tendrás que llamar previamente para acordar un horario de visita

  • en algunas parroquias puedes hacer fotos de los libros

  • en otras no te dejarán ni mirarlos desde lejos, y tendrás que conformarte con una copia transcrita por la persona responsable del archivo

  • en algunos archivos hay índices exhaustivos

  • en otros te volverás loco rebuscando entre papeles viejos (si te dejan tocarlos, claro está).

Como puedes ver, cada parroquia lleva un sistema diferente y es necesario informarse antes de acudir para no llevarse sorpresas desagradables. A través de internet puedes localizar sin problema el teléfono de la parroquia que te interese, y en muchos casos incluso una dirección de correo electrónico. Siempre es buena idea avisar de tu visita previamente y, por supuesto, llevar los deberes hechos.

Tuve que acudir en muchas ocasiones a una parroquia de un pueblo distante a mi domicilio. Cobraban 6 euros por hora de búsqueda, y la búsqueda debía hacerla yo, mientras la persona responsable del archivo se ocupaba de otros asuntos más productivos. Dos horas los lunes y otras dos los jueves, un total de 24 euros a la semana (aparte de los gastos de desplazarme hasta allí). Eso sí, podía hacer todas las fotos que quisiera, revisar los índices y los libros con total libertad.

En otra parroquia, tuve que presentar una petición por escrito y volver al cabo de varios días. Me entregaron una copia transcrita por la archivera y sellada para garantizar su veracidad. El precio fue de 5 euros. Yo hubiera preferido una foto de la página original del libro, pero no pudo ser.

Con otras parroquias más lejanas he contactado por correo electrónico o por carta para hacer mi solicitud. A pesar de la evidente ventaja de la inmediatez del mensaje electrónico, sigo enviando muchas cartas. Para algunos párrocos o archiveros que tienen cierta edad, es más inofensiva una carta y son más receptivos. Además, la carta tiene una presencia física y la estás viendo encima del escritorio; del e-mail te olvidas rápidamente en cuanto apagas el ordenador (o incluso antes).

En resumen:

  • entre todos los papeles que has recopilado, determina cuáles son las parroquias que te interesan. Para esto te serán muy útiles: invitaciones de boda, recordatorias de difuntos, esquelas en periódicos, notas de prensa dando cuenta de un matrimonio o defunción…

  • prepara una lista para cada parroquia, indicando claramente lo que buscas (nombres, fechas y toda la información que tengas)

  • averigua cómo funciona el archivo de cada parroquia (horarios, forma de acceso, si hay que hacer algún tipo de petición por escrito…)

  • contacta con el responsable del archivo para concertar una cita

  • ármate de paciencia y sé educado (no sabes si tendrás que volver muchas veces, así que más vale no pelearse con nadie)

  • estudia bien los datos obtenidos. En pueblos pequeños, es habitual que varias generaciones consecutivas se hayan bautizado, casado y enterrado en la misma parroquia.

  Nos vemos la semana que viene, que ya será Septiembre y habrá comenzado mi reto de los 122 días. ¡No te lo pierdas!


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Cuando ya no queda nada

cuando todo se ha acabado

Quizá te sientas así, como esa rosa mustia y seca. Quizá pienses que ya no queda nada bueno ni valioso en tu interior, que estás acabada y tu tiempo terminó.

Que no tienes nada que ofrecer. Nada que valga la pena.

Quizá tu pareja te dejó por otra, o simplemente se marchó. O te acabas de jubilar, o tus hijos se han ido de casa y te sientes sola y cansada.

Quizá ya no tienes ganas de seguir llevando tu carga. Te sientes fatigada, inútil, y crees que no queda nada por lo que luchar.

Sé lo que es eso.

Busca dentro de ti. Escarba con las uñas, con los dientes. Arráncate todas esas capas de dolor y desesperanza. ¿Ves lo que hay debajo?

Mira bien. Está ahí, escondido muy adentro; es pequeño y brillante como una joya.

¿Lo ves?

aun quedan cosas dentro de ti

¿Creías que esta rosa estaba seca? Ya ves que no. No del todo, no en su interior.

Por fuera se ve ajada y marchita, pero por dentro esconde mucha belleza todavía.

A ti te ocurre igual. Busca. Busca dentro. Nunca dejes de buscar. La vida es eso.


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Mi vida desde fuera

sin vuelta al hogar

Hace unos días ya que regresé de mis “vacaciones” de verano (las comillas son porque, desde que soy madre, las vacaciones no son para mí sino para los niños y los abuelos).

Me ha ocurrido una cosa curiosa, extraña o más bien reveladora. He ido al mismo lugar de los últimos 6 años, he estado en los mismos sitios con las mismas personas y se ha hablado de los mismos temas. Cada uno ha defendido las mismas posturas de los veranos anteriores, he oído las mismas discusiones y las mismas conclusiones. Todo, TODO era como siempre. Todo menos yo.

Ya no tengo las mismas opiniones de antes (al menos, no en todos los temas) y me di cuenta de lo mucho que he cambiado. Fue como asistir a una obra de teatro a la que has ido muchas veces y te sabes los diálogos de memoria; te quedas sentado ahí, inmóvil, asistiendo a la representación pero sin intervenir en ella.  Como si tu cuerpo fuera sólo un caparazón vacío usado como figurante de la escena, y tú lo vieras todo desde fuera dándote cuenta de cada repetición, de cada comentario manido.

Mi vida desde fuera: así me sentí yo. No diré que tuve miedo porque sería una exageración, pero en cierta forma me inquieté.

Imagina un grupo compacto de gente al que perteneces desde hace años, y con el que te sientes identificado e integrado. Y un día, de repente, te das cuenta de que de algún modo te has salido del grupo y estás unos pasos más allá. Sabes que no puedes volver atrás, porque algo en ti ha cambiado irremediablemente; y aunque deseas continuar tu camino, seguir evolucionando, no puedes dejar de sentir que te has quedado huérfano y sin hogar al que regresar. Sin tu punto de referencia. Supongo que la palabra es desasosiego.


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Conocerte mejor: el registro civil.

registro civil

En el registro civil se inscriben los nacimientos, los matrimonios y las defunciones. En España empezó a funcionar oficialmente en 1871 aunque en algunos municipios hubo un pre-registro entre 1840 y 1870. Los libros de este registro se conservan en los archivos municipales correspondientes.

A partir de 1871, debían registrarse todos los nacimientos, matrimonios y defunciones. En estos certificados se puede encontrar mucha información útil para nuestra investigación, y teniendo en cuenta que los trámites son gratuitos, han de ser el primer paso.

Los certificados puedes solicitarlos por carta, rellenando un impreso y enviándolo al registro de la localidad donde ocurrió el hecho que investigas (nacimiento, matrimonio o defunción). En el impreso debes indicar la fecha del hecho, y a veces también sirve si pones una fecha muy aproximada. Esto dependerá de la carga de trabajo del personal del archivo, y de la existencia de índices de los libros que faciliten la búsqueda. Alguna vez te devolverán el impreso indicándote que no aparece nada en el registro para la fecha y nombre que has indicado. Otras, no tendrás ninguna respuesta en absoluto. No pasa nada, hay que seguir adelante.

Otra forma más cómoda de solicitar el certificado a través de internet. Es el mismo impreso pero tienes que rellenarlo online. Un detalle importante es el tema del “tomo” y el “folio”, que aparecen como campos requeridos (es decir, que hay que rellenarlos obligatoriamente). Como lo más normal es que no los conozcas, pones 0 en cada uno de ellos y ya está.

Si todo va bien y con un poco de suerte, en 3 semanas (o varios meses, nunca se sabe) tendrás en tus manos el certificado del registro. Ahí encontrarás domicilios (que te serán útiles más adelante para buscar en los padrones de vecinos), nombres de los padres, de los abuelos (en los certificados de nacimiento) o de los cónyuges e hijos (en los de defunción). En algunos certificados de defunción, se indica que el difunto testó ante el notario don Pepito Pérez Montesdeoca: esto también te servirá cuando te adentres en el fascinante mundo de los testamentos.

Consejos:

  • En el campo donde dice “finalidad con la que solicita el certificado” escribe : ASUNTO DE FILIACIÓN. No pongas nunca nada que incluya el término genealogía ni similar, porque a veces no da buenos resultados.

  • Lleva un diario donde anotes todos los certificados que vayas pidiendo. Márcalos como recibidos cuando los tengas en tu poder. Si recibes el impreso de vuelta, indicando que no aparece en el registro, anótalo también. En el futuro, te ahorrará mucho tiempo.

  • Escanea los certificados para conservarlos en forma digital, y si tienes tiempo y ganas, transcríbelos en un documento de texto. De este modo podrás localizar fácilmente cualquier dato haciendo una búsqueda en el ordenador, en lugar de tener que revisar las 3 carpetas con 261 certificados en papel que tienes guardadas en el altillo del armario de tu hijo pequeño.

  • En España, los certificados del registro civil no cuestan nada. Ten cuidado con las empresas que se dedican a “buscar” el certificado para ti, a cambio de cantidades a veces superiores a los 50 euros.

 

La semana que viene visitaremos los archivos parroquiales. ¡No te olvides de venir!

 


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La perspectiva

perspectiva

Durante mis primeros años de universidad tuve un compañero de clase llamado Andrés, que era de ese tipo de personas que derrochan entusiasmo y simpatía. No era gracioso, es que caía en gracia.

Tenía un modo peculiar de enfocar  y de ver las cosas y los problemas. Recuerdo una vez, en el descanso entre dos clases, en que hablábamos del examen que teníamos pocos días más tarde. Estábamos comparando nuestros avances cuando un tercer compañero intervino en la conversación. Aún no había empezado a estudiar, de modo que lo tenía realmente difícil.

– Estoy por dejarlo; es imposible que me dé tiempo a mirarlo todo siquiera. Son x temas y sólo faltan tres días…

Y entonces Andrés le contestó algo que, al cabo de 20 años, todavía no he olvidado:

– No pienses en días, hombre. No pienses que te quedan sólo tres días… Piensa en los millones de milisegundos que tienes por delante… ¿cómo no vas a poder hacer nada, si tienes millones de milisegundos?

El compañero agobiado y yo nos reímos de la ocurrencia, que parecía un chiste tonto más que otra cosa; pero en los 20 años que han transcurrido desde entonces, he conocido a muchas personas y he oído infinidad de veces las mismas quejas. La falta de tiempo.

Lo cierto es que todos disponemos del mismo tiempo al día, pero no lo aprovechamos del mismo modo. Mi día tiene 24 horas, igual que el tuyo. Más de 86 millones de milisegundos. ¿De verdad no podemos hacer NADA en 86 millones de milisegundos?


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Personas que me inspiran: mi vecina Manolita

brillante

Manolita es vecina de mis padres desde hace 30 años, cuando se casó con Agustín, vecino nuestro de toda la vida.

Manolita es de un pueblo de campo, apenas tiene estudios y llevaba camino de quedarse soltera cuando conoció a Agustín en las fiestas del pueblo. Cuando llegó al barrio se integró rápidamente; parecía una mujercita apacible e inofensiva, dedicada únicamente a su casa y su marido. Pero no. No lo era.

Manolita es una emprendedora, pero no como las que salen en las revistas femeninas que tanto detesto. No usa portátil ni tiene un iphone, ni falta que le hace. Con su cabeza y su entusiasmo lo hace todo: esas son sus armas.

Cuando la tiendecita que su marido regentaba empezó a ir mal, la reconvirtió en una peña flamenca; y cuando ésta se fue al garete, se inventó un local social para personas mayores. Ha vendido (y vende) toda clase de productos por catálogo; organiza rifas y festejos de todo tipo. Compró una furgoneta vieja para su marido, y éste la reparó y la utiliza para hacer pequeños portes.

Nunca, en 30 años, la he oído quejarse de la crisis (y hemos pasado unas cuantas). Pero no saldrá en ninguna revista porque ya no es joven ni fotogénica, así que desde aquí le digo:  ¡Sigue adelante, Manolita!  Nadie puede pararte si tú no te dejas.