Método Pominola

Conocerte mejor: ¿Qué quieres saber?

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Si eres como yo, antes de empezar querrás tenerlo todo bien organizado y planificado; tanto, que quizás no llegues a empezar nunca.

Mi consejo es que, para empezar, tengas simplemente un cuaderno (mejor que papeles sueltos) y un bolígrafo. Nada más. Para empezar es más que suficiente, y durante algún tiempo no necesitarás nada más. No pierdas días o semanas intentando averiguar cuál es el mejor software libre para elaborar tu árbol genealógico, o calculando si te sale a cuenta hacerte miembro de una web de búsqueda de ancestros. Ya tendrás tiempo para eso más adelante.

Algo que debes tener muy en cuenta es que ésta es una labor que requiere tiempo y paciencia. Pasarás muchas horas investigando, revisando documentos y navegando por internet como un poseso. A veces ocurrirá que, durante meses, no habrá ningún avance y te aburrirás; pero luego, de repente, llegará el certificado de defunción de tu tía abuela Clodomira y te encontrarás con ese dato que necesitabas para continuar. Ese día sentirás un subidón tremendo y te quedarás hasta las 4 de la madrugada navegando por webs de búsqueda de antepasados, intentando localizar a Fulgencio, el hijo soltero que dejó la tía abuela Clodomira.

Por ponerte un símil, debes pensar que este trabajo sigue el ritmo de las cosechas; sembrarás (cartas, solicitudes, peticiones, búsquedas) y deberás esperar que den su fruto (certificados, documentos, datos en definitiva). No hay que desesperarse.

Mi primera recomendación es la paciencia. La segunda, la minuciosidad. Estamos haciendo un trabajo de investigación casi detectivesca, así que no vale andarse con vaguedades. Hay que ir al detalle, y estudiarlo con detenimiento. Los detalles pueden aportar mucha información relevante e insospechada.

Una vez armada de paciencia y dispuesta a estudiar los detalles, tienes que definir claramente tu objetivo. ¿Quieres dibujar el árbol genealógico hasta tus bisabuelos para regalárselo a tu sobrina Mari Puri? ¿Deseas saberlo todo sobre Fulgencio, el hijo soltero de la tía abuela Clodomira? ¿O necesitas saber si el tatarabuelo Pancracio dejó alguna herencia cuando falleció a los 103 años en Brasil?

Si la respuesta es la de tu sobrina Mari Puri, no tiene sentido que te pongas a estudiar documentos del siglo XV, por ejemplo. Y si lo que te interesa es la herencia del tatarabuelo Pancracio, deberás centrarte, en principio, en Brasil.

No te preocupes si no lo tienes claro. El objetivo inicial puede ir difuminándose conforme avances, porque la investigación genealógica causa adicción. Empezaste con el árbol de Mari Puri, se lo regalaste en un marco precioso pero ya te había picado la curiosidad y querías saber más. Y luego más, y más, y más. La genealogía es como el chocolate, por mucho que comas nunca es suficiente.

Yo comencé en esto buscando a Rodolfo, el hermano de mi abuela paterna, desaparecido durante la Guerra Civil. Mis padres solían hablar de él de vez en cuando, muchas veces delante de mí y de mis hermanos. Por suerte, yo no tenía ni idea de lo que era la guerra; y me imaginaba toda clase de historias fantásticas en las que Rodolfo se veía envuelto en su huída. Sucesos inesperados que le retenían, apartándole de su esposa y sus hijos, impidiéndole regresar a casa.

Recuerdo con claridad un día en que hablaban de él, y mi padre concluyó la conversación diciendo: “Después del tiempo que ha pasado… nunca sabremos lo que le ocurrió”. Algo hizo “clic” dentro de mi cabeza; me prometí que descubriría la verdad, lo que le ocurrió a Rodolfo, y porqué ya nunca volvió a su casa.

Pasaron más de 20 años sin que hiciera nada para localizar a Rodolfo, aunque a veces me acordaba de él y fantaseaba con la idea de encontrar su pista. Dejé de ser una niña, me casé y fui madre; y surgió la necesidad imperiosa y apremiante de SABER, saber lo que ocurrió para poder contárselo a mi hija.

Hay quien habla de un reloj biológico que determina el momento en que la mujer siente la necesidad de ser madre. En mi caso, con la maternidad se activó mi “reloj genealógico”. Fui plenamente consciente de que mis abuelos llevaban muchos años muertos, y mis padres eran ya sexagenarios. Recordé algo que mi padre suele decir cuando hablamos de estos temas: “Cuando uno es joven, no se preocupa por preguntar estas cosas; y cuando con la edad se siente interesado, ya no queda nadie a quien preguntarle”. Decidí que no iba a ser mi caso, y comencé a plantear interrogantes. Más adelante te explicaré que no todas las preguntas valen, y que hay que saber preguntar y, sobre todo, escuchar.

Descubrí muchas cosas de Rodolfo. Su historia no era romántica ni aventurera; más bien resultó ser sórdida y tenebrosa. Hube de investigar incluso un crimen…

¿Creías que sólo en las novelas de Kate Morton hay secretos oscuros y siniestros?

Volvamos a ti. Tienes tu cuaderno, tu bolígrafo y tu objetivo marcado. Te has propuesto ser paciente y minuciosa. ¿Qué haces ahora? ¿Por dónde empiezas?

Lo más fácil y lógico es empezar por ti misma. Piensa con cuidado y reúne los datos que tienes. Sabes tu nombre, los de tus padres y seguramente los de tus abuelos. Tienes tu fecha y lugar de nacimiento, y con eso ya puedes empezar a tirar del hilo de tus orígenes.

Prepara el boli y el cuaderno, porque la semana próxima empezaremos a investigar.

¡Hasta el próximo miércoles!

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

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