Método Pominola

Visiones de otro mundo

4 comentarios

las hojas de Alfredo

 

Mi tío Alfredo llevaba meses padeciendo continuos mareos y fuertes dolores de cabeza, y tras dos caídas y unas pocas pruebas le diagnosticaron un tumor cerebral, pequeño y operable.

La cirugía fue perfecta, de modo que Alfredo se sintió físicamente bien en el postoperatorio, alegre y animado. El cirujano le advirtió que, tras la operación, durante unos días habría algo de inflamación en la zona del cerebro intervenida, y que quizá notaría algunos efectos extraños. No le dijo cuáles, porque no eran los mismos para todos los pacientes, pero le advirtió que no debía preocuparse porque era algo normal y transitorio.

Por la tarde, mientras mi madre y yo le visitábamos, quiso levantarse a estirar un poco las piernas; de modo que le cogimos cada una de un brazo y salimos a pasear por los pasillos del hospital. Mi madre y yo caminábamos despacio, acoplándonos a su ritmo; él pisaba con mucha atención, mirando fijamente las baldosas del suelo.

– ¡Qué barbaridad! – dijo de pronto, dando fuertes pisotones con sus zapatillas – ¡Qué cantidad de hojas secas! ¿Cómo es que no viene nadie a recogerlas? Alguien podría resbalar y caerse. – y pateaba las imaginarias hojas secas, indignado.

Mi madre y yo nos miramos, sorprendidas; pero no dijimos nada y seguimos andando llevándole de los brazos. Durante unos minutos hablaron de cosas sin importancia, y al girar en una esquina del pasillo, Alfredo se quedó mirando fijamente una pared blanca.

– Mira – le dijo a mi madre – ya están colocando los travesaños. En cuanto estén terminadas las vías, podrán circular los trenes. Parece que los trabajadores se están afanando mucho para terminar pronto… Ese travesaño parece que pesa mucho…

Mi madre le dijo que sí, que parecía pesar mucho y que debía de ser un trabajo muy duro.

Alfredo estaba cansado, así que regresamos a la habitación y le acomodamos en la cama. No volvimos a hablar de hojas secas ni de las vías del tren, pero yo no podía dejar de pensar en ello. Me parecía increíble (perturbador y a la vez fascinante) la forma como el cerebro le estaba engañando, mostrándole cosas que no estaban allí realmente. Visiones de otro mundo, imágenes que quizá había registrado en otro tiempo y que estaban almacenadas en algún lugar recóndito.

Su mente racional podría haberse negado a aceptarlas, dándose cuenta de que no eran reales, sino simples alucinaciones; pero eran tan claras las imágenes, tan vívidas, que le parecía imposible que fueran un engaño. Según nos dijo luego, incluso podía oír el crujido de las hojas al pisarlas.

Tu mente te engaña también con frecuencia. Cuando te dice que eres demasiado tonta, demasiado vieja o demasiado gorda para conseguir lo que quieres. Cuando te recuerda todos los errores pasados y te dice que no puedes hacer las cosas bien. Cuando te caes en un hoyo y te dice que nunca vas a salir de él.

Mentira, todo mentira. Como las hojas secas y los travesaños de Alfredo. Lo ves claro y diáfano, nítido y real. Pero no lo es.

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

4 pensamientos en “Visiones de otro mundo

  1. Así es.. como cuando no recordamos bien algo y la mente llena esos vacíos y al final te crees que pasó algo de verdad cuando no es así… y estás tan convencida.
    Y sobre tu conclusión, efectivamente, las peores limitaciones nos las ponemos nosotros mismos, ni siquiera los demás. Nos creamos una imagen de nosotros mismos, de cómo somos y cómo nos corresponde a actuar en cada situación en base a eso y ya cuesta salir de ahí, aunque te gustase ser de otra forma, pero te metes tanto en el papel…

    • A mí me ocurrió que mi madre me contaba una historia de mi abuela, con todo lujo de detalles; y al cabo de muchos años de darla por cierta, investigando descubrí que no había sido así. Mi madre hubiera puesto la mano en el fuego, y se hubiera quemado.
      Y yo muchas veces pienso que no soy capaz de hacer algo, y me lo repito tanto que al final soy verdaderamente incapaz… A veces somos nuestras peores enemigas.

  2. Llegue a tu web gracias a Oye Deb! te vi en un comentario. Me llamo Diana Avalos y soy de Colombia, senti una identificacion bien particular con tu historia, lo q relatas en otro articulo sobre tus sentimientos respecto al rumbo desconocido e involuntario q habia tomado tu vida y q ahora definitivamente vas a poner en orden. Yo estoy en ese intento aun, aunq en muchas ocasiones me sentia ahogada por la vida familiar prefiero quedarme con esa sensacion para mi, tal vez las personas q me rodean no son las mas adecuadas para yo contarles tal cual me siento y muy seguramente se van a tomar personal todo lo q les diga, los conozco bien y se delican por todo.
    En psicoanalisis hay un dicho q reza “nadie es dueño de su propia casa” y hace referencia a como nuestros propios pensamientos nos pueden traicionar en algun momento y cuando nos convencemos de algo luego llega el momento q no logramos encontrar esa delgada linea q nos ubica de nuevo del lado de la realidad. Gracias por este espacio bastante inspirador para mi.

    • Hola Diana, gracias por pararte a comentar.

      A mí me ha pasado que he vivido casi toda mi vida intentando agradar a los demás, con cuidado de que mis padres no se enfaden conmigo, que las maestras estén contentas, que mis jefes estén satisfechos con mi trabajo…

      Es agotador, aparte de insano, y al final me he dado cuenta de que me había perdido a mí misma. No sabía diferenciar lo que quería yo de lo que querían los demás, y me quedé sin rumbo. Durante demasiado tiempo me quedé quieta, esperando a ver qué pasaba, bloqueada. Y no pasó nada, sólo que los demás siguieron adelante con sus vidas… Por suerte ya reaccioné y di el primer paso, pero es muy difícil cambiar la mentalidad de tantos años, y me está costando. Lo bueno es que con cada pequeño pasito me voy sintiendo más fuerte, y ahí sigo peleando cada día. Gracias por venir.

      Un beso
      Conchi.

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