Método Pominola

Como moscas en ámbar

3 comentarios

desaparecer (2)

A veces mis padres me miran raro. Como si no me conocieran, a pesar de que me conocen un poco. Más o menos, desde que nací.

Pues eso, que me miran raro cuando les explico que he contactado a través de internet con alguien en la otra punta del mundo, y que ese alguien conoce a un tercero que tiene una prima que trabaja en la embajada del país al que emigraron mis bisabuelos. Y me emociono pensando que quizá esta señora me consiga un trozo de papel amarillo con el nombre de mis antepasados.

– Pero hija, ¿para qué tanto trabajo? Total, si llevan décadas muertos y enterrados.

No me entienden. Nadie me entiende. A veces, ni yo misma me entiendo; otras personas coleccionan sellos o monedas, y yo colecciono ancestros.

Sólo entiendo una cosa, y es que me horroriza la idea de la desaparición. Todos tenemos que morir, pero no soporto pensar en la muerte como si fuera una goma de borrar. Una cosa es morir, y otra muy distinta es desaparecer sin dejar nada tras de ti. Como si nunca hubieras estado.

Por eso decidí escribir mi libro de historia familiar. Es una forma de salvarlos de la goma de borrar.

“La gente desaparece cuando muere. La voz, la risa, el calor de su aliento, la carne y finalmente los huesos. Todo recuerdo vivo de ella termina. Es algo terrible y natural al mismo tiempo. Sin embargo, hay individuos que se salvan de esa aniquilación, pues siguen existiendo en los libros que escribieron. Podemos volver a descubrirlos. Su humor, el tono de su voz, su estado de ánimo. A través de la palabra escrita pueden enojarte o alegrarte. Pueden consolarte, pueden desconcertarte, pueden cambiarte. Y todo eso pese a estar muertos. Como moscas en ámbar, como cadáveres congelados en el hielo, eso que según las leyes de la naturaleza debería desaparecer se conserva por el milagro de la tinta sobre el papel. Es una suerte de magia.” (El cuento número trece. Diane Setterfield.)

 

 

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

3 pensamientos en “Como moscas en ámbar

  1. Primero decirte que me gusta tu blog, lo que dices y lo que enseñas. Me pareces una persona muy especial. Yo una vez tuve la ocasión de entrar en una casa de un familiar de una pareja que tuve, era una casa cargada de cosas, la familia lo quería tirar todo, yo encontré unos álbumes de fotos llenos de pedazos de vida de esa gente que yo no conocía, pero me dio una pena enorme tirar y me los quede, creo que el sentimiento de perdida, del desaparecer para siempre, de que nadie nunca mas se acuerde de ti, aunque no te conozca de nada y solo te debe vida de nuevo mirándote…..todo esos recuerdos me han venido cuando te he leído…..

    • Gracias por venir, Sara, ¡y por entenderme tan bien!

      A mí me angustia mucho ese aspecto de la muerte: la desaparición. El no dejar ninguna huella, como si nunca hubieses existido, me parece tristísimo. A veces leo en internet comentarios del tipo “he estado en el mercadillo de xxx y he comprado una carpeta llena de cartas y fotos antiguas” y me da mucha pena. Pensar que, tras tu muerte, van a venir a tirar lo poco que has dejado a un contenedor, entre mondas de patata… Me pone los pelos de punta.

  2. Pingback: Los extraños mecanismos de la memoria | Método Pominola

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