Método Pominola

La memoria que se apaga

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la memoria que se apaga

Me llama mi madre para contarme que ha ido al geriátrico a visitar a su prima, y que viene horrorizada. Su prima sólo tiene unos pocos años más que ella, y está en una situación espantosa. La situación se llama Alzheimer, pero mi madre no dice esa palabra.

No reconoce a su hijo cuando va a verla, me cuenta en voz baja. Se ha quedado dormida mientras yo le hablaba, y al despertar sonreía como un bebé, con esa sonrisa y esa mirada vacía de un verdadero entendimiento. Mi madre no me lo describe así, claro, pero entiendo lo que me quiere decir.

Menos mal que yo no estoy perdiendo la cabeza. Prefiero morirme a quedarme así, en blanco, sin reconocer a mis propios hijos. No sabes qué impresión tan tremenda, verla así, tan chiquitita, tan arrugada… Se ha quedado muy chiquitita y muy seca, ¿sabes?

Quiero borrar esa imagen de la mente de mi madre, desviar el curso de la conversación (que es más bien un monólogo) hacia temas más alegres.

¿Te acuerdas de aquella vez que nos dejaste a mi hermana y a mí en su casa? Nos dio quesitos en porciones, y nosotras nunca los habíamos comido, porque tú no los comprabas.

No me acuerdo. ¿Cuándo dices que fue?

Cuando la abuela estuvo mala, en el hospital, y nos dejaste en casa de tu prima. Nos vino a recoger Manolo, su marido, con el coche. ¿Te acuerdas?

Eso debes de haberlo soñado. Yo no recuerdo nada de lo que me estás contando… No te he dicho que se quedó dormida mientras yo le hablaba, y al despertar se sonreía como una niña pequeña…

Sí, mamá, me lo has dicho hace un momento.

¿Te lo he dicho? ¿Seguro? No recuerdo haberlo hecho. Bueno, y lo peor, no te lo vas a creer… Que no conoce ya ni a sus hijos. ¿Qué te parece?

Se me pone un nudo en la boca del estómago. Miro la pantalla negra del televisor mientras oigo, a través del teléfono, cómo vuelve a relatarme la misma historia de unos minutos antes. Mañana volverá a hacerlo, seguramente. No es la primera vez que pasa. Me esfuerzo para mostrarme sorprendida, como si lo oyera por primera vez; y me dan ganas de llorar cuando, por fin, termina diciendo: “Menos mal que yo no estoy perdiendo la cabeza”.

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

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