Método Pominola

Trabajos manuales

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trabajos manuales

Fue un sábado por la tarde. Me acuerdo de que habían puesto antena3, y empezaba la película morbosa de después de la comida. Quitando a mi marido, todos los demás éramos mujeres: su abuela, su madre, su tía y su prima. Yo rozaba los 30, la prima se acercaba a los 40, la madre y la tía andaban en los cincuentaytantos y la abuela pasaba ya de los 80 años.

No sé cómo llegamos al tema, pero de repente nos encontramos hablando acerca de ansiolíticos, antidepresivos y demás. Excepto yo, todas ellas tomaban habitualmente “pastillas para dormir”. Me impactó sobre todo el caso de la prima, que no llegaba a los 40, y ya era adicta. Aparte de fumar bastante, dicho sea de paso. Las pastillas para dormir ya no le hacían mucho efecto, dijo, pero no podía dejar de tomarlas porque se ponía malísima. Lo único que la calmaba un poco era hacer labores de ganchillo.

Mi madre lleva décadas tomando cada noche una pastillita. Mi hermana las está dejando con gran esfuerzo. Yo misma las tomé durante unas semanas.

Conozco a muchas mujeres que toman pastillas para dormir. Muchas, muchas mujeres. De distintas edades y profesiones.

Un día me paré a pensar en mi abuela, y en la madre de mi abuela. Y en las anteriores. Ellas no tenían las dichosas píldoras, y sus vidas no eran precisamente fáciles… ¿Se pasaban el día tomando manzanilla? ¿Llevaban colgada al cuello la botellita con agua del carmen?

Me acordé de la prima Sonia, y sus labores de ganchillo. Recordé que mi abuela, y su madre, y las anteriores pasaban mucho tiempo al día haciendo labores manuales (coser, tejer, remendar, bordar y mil cosas más). Me di cuenta de que yo misma me sentía más tranquila y relajada mientras me ocupaba de mis “labores handmade“. (El handmade y el DIY no son otra cosa que las manualidades de toda la vida; pero parecen menos infantiles si dices “handmade”).

Investigando un poco sobre esto fue cuando conocí el blog de Alicia Paulson, “Posie“. A esta mujer la atropelló un camión mientras cruzaba la calle, al poco de casarse. Le destrozó un pie de tal manera, que en nueve meses tuvo que someterse a seis intervenciones quirúrgicas. Luego vinieron larguísimos meses en cama, con mucho dolor, y dice que fue entonces cuando se aficionó a bordar. Según ella misma cuenta en su web, aquello  la ayudó a sanar física y psicológicamente. Y tras recuperarse y volver a andar, ha hecho de las labores su profesión.

Creo -no, estoy segura-  que mantener las manos ocupadas ayuda a liberar tensión. En mi caso, también me sirve para pensar con más claridad. Mantener las manos ocupadas en algo que requiera atención, minuciosidad y concentración te despeja la mente de una forma asombrosa. Haz la prueba. No necesitas bordar un mantón de manila, ni siquiera tiene que salirte bien. Sólo concéntrate en el trabajo, en tus manos, y te sorprenderás.

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

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