Método Pominola

Una historia de fantasmas

1 comentario

criaturas fantasmas

No, no creo en fantasmas. Ni en el alma, ni en el más allá, ni en la reencarnación ni en ningún dios. Siempre he sido muy práctica, nada espiritual.

Pero en los años que llevo investigando mi historia familiar, me he tropezado con varios fantasmas. Bebés que nacieron y murieron sin dejar nada tras de sí más que unas pocas letras en un papel que nadie se molestará en leer. Algunos, ni siquiera eso.

Mi abuela paterna perdió a su primogénita, de 8 meses, “por una diarrea”. Era 1938. Mi abuelo, que era el practicante del pueblo y tenía varios años aprobados de la carrera de Medicina, no pudo hacer nada por salvar a su hija.

Durante toda su vida, mi abuela se acordó de esa niña. Al final de su vida, se devanaba los sesos intentando recordar dónde la habían enterrado, pues durante la guerra civil estuvieron dando tumbos de un pueblo a otro.

Mi abuela materna perdió a su tercer hijo. Se lo contaba a mi madre así: “Era un niño, Salvador se llamaba. Se me quedó muerto mientras le daba el pecho”. Salvador tenía sólo unos pocos días de vida, así que no lo habían inscrito en el registro. Como tampoco estaba bautizado, lo apuntaron en el libro de enterramientos de la iglesia como “un feto dado a luz por …” . Un feto. Pero no, no era un feto. Era un niño y se llamaba Salvador, por el hermano de mi abuela.

Mi madre oyó muchas veces esta historia. Los gritos que daba cuando se le quedó el niño muerto en los brazos, la hermana que vivía en la casa contigua y acudió horrorizada. Era 1935.

Hoy he sabido que la madre de mi suegro también perdió una hija. En 1942. Pero en el libro de familia, que se hicieron en 1962, no la inscribieron. Total, llevaba 20 años muerta. Quizá sus padres ya se habían olvidado de ella. O puede que el funcionario no tuviera ganas de rellenar dos páginas del libro para una niña que sólo había vivido unos meses.

La mortalidad infantil era altísima. En mi familia tengo a una mujer que dio a luz 21 hijos, y sólo 8 sobrevivieron. Pero las 13 criaturas que perdió tenían un nombre también.

 

Encontré a Francisca, la niña de mi abuela, en un pueblo de la sierra. Encontré al bebé Salvador en su sepultura gratuita. Encontraré también a la hermana de mi suegro, y escribiré su nombre en mi cuaderno. Seguirá estando muerta, ya lo sé. Pero no será una niña fantasma nunca más.

 

 

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

Un pensamiento en “Una historia de fantasmas

  1. Admirable lo que haces por esas criaturas, yo también lo hago en mis árboles, les doy un lugar a todos porque aunque vivieran horas, días o meses, su vida fue igualmente digna.
    Un abrazo!

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