Método Pominola

Personas que me inspiran: mis hijos

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Nada es imposible para un niño

Seguro que lo has leído un millón de veces, igual que yo. Durante muchos años me pareció que era innecesario añadir “y de la vista”. ¿Es que no basta con mantenerlo fuera del alcance de los niños? ¿Por qué también de la vista?

Entonces fui madre, y comprendí. Es necesario, imprescindible, añadir “y de la vista”. Porque la primera parte de la advertencia es estúpida e inútil.

NO HAY NADA EN EL MUNDO QUE ESTÉ FUERA DEL ALCANCE DE UN NIÑO.

O dicho de otra manera: si el niño lo quiere alcanzar, lo hará. Quizá no hoy, ni mañana, pero lo terminará haciendo. Es sorprendente e inspiradora la perseverancia de los niños.

Un niño no se da nunca por vencido; si quiere conseguir algo, insiste una y otra vez. Al principio te hace gracia, luego te resulta conmovedor e intentas ayudarle. Mi hijo, que tiene tres años, se ofende muchísimo si trato de ayudarle; me aparta a un lado diciéndome, con energía: “¡Yo solo!”.

Al rato ya deja de conmoverte y te agota, te cansa, te aburre, te irrita. Pero él sigue, sigue y sigue. Y cuando finalmente consigue lo que quería, viene triunfante y te dice “Lo he hecho yo solito”.

Mi hija tiene siete años y ya pasó por esta etapa de descubrir su propia autonomía, así que no se empeña en hacerlo todo por sí misma y es capaz de aceptar ayuda. Pero no acepta que haya cosas imposibles de conseguir.

Para ella, los logros se dividen en dos categorías: fáciles y difíciles. Pero no acepta (aunque lo comprende) el concepto de “imposibilidad”. De modo que si me dice que quiere hacer algo y yo le digo que no puede ser, empezamos con la mecánica enervante de los “porqués”. Y cuando vas respondiendo a los “¿por qué?” uno por uno, consecutivamente, al final llegas a una conclusión aplastante y perturbadora. Lo que quiere hacer no es imposible, es sólo difícil o incómodo o molesto. Pero se puede hacer, así que me mira sonriente y me repite que quiere hacerlo.

Una vez leí acerca de la “técnica de los porqués” (usado para la resolución de problemas, lo puedes ver aquí),  y resulta que es un recurso psicológico potente. Yo lo he usado a veces, y me ha ayudado a aclarar muchas cosas.

Mis hijos no entienden de técnicas ni de psicología; ellos sólo quieren hacer cosas. Y las hacen, la mayoría de las veces.

Cuando te conviertes en madre, da un poco de vértigo pensar en la cantidad de cosas que tendrás que enseñar a tu hijo. Pero resulta que ellos me enseñan a mí mucho más de lo que yo puedo darles. Yo les transmito creencias rígidas y equivocadas que recibí de mis padres; les enseño que hay que limitar los objetivos, las aspiraciones; les digo que la vida es complicada y que a veces hay que renunciar a lo que deseamos… Y a cambio, ellos me miran sonriendo y dicen: “VOY A HACERLO PORQUE QUIERO HACERLO”.

Les miro con ternura y un poco de lástima, pensando que tienen mucho que aprender de la vida; y entonces me doy cuenta de que un día, hace muchos años, yo fui también una niña que no creía en lo imposible. Mírame.

 

Comerme el mundo

 

¿Cuándo perdí la certeza de que podía comerme el mundo? ¿Cuándo la perdiste tú?

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

Y tú, ¿qué opinas?

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