Método Pominola

Personas que me inspiran: mi suegro

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Muchas veces nos vamos a buscar la inspiración a otro tiempo, otro país o incluso otro continente. Leemos sobre Gandhi, Steve Jobs o Bill Gates, por ejemplo, esperando encontrar la chispa que nos haga reaccionar, que nos muestre el camino a seguir. ¿Has mirado a tu alrededor? La inspiración está más cerca de lo que crees.

 

 

Mi suegro nació en 1943, emigró a Alemania siendo joven y trabajó duro para ganar un dinerillo. Regresó a España, se casó y empezó a trabajar en una fábrica. Se quedó casi 40 años.

 

Trabajó durante muchos años. O quizá debería decirlo de otra forma: durante muchos años, vivió para trabajar. No hizo nada más, ni nada menos. Los fines de semana tomaba una cerveza y veía deportes en la televisión, esperando que llegara la hora de jubilarse. Entonces tendría tiempo para hacer cosas que le gustaban, todo el tiempo del mundo.

 

Pocos días antes de cumplir 60 años, en una revisión médica rutinaria, le detectaron un cáncer. En estado avanzado. Le dieron un año de vida.

 

Primero se asustó, luego se deprimió, y finalmente decidió que, si sólo le quedaba un año, tenía que aprovecharlo.

 

Este mes se cumplen 10 años de aquel diagnóstico, y mi suegro pasará ese aniversario en el extranjero. En este tiempo ha aprendido bailes de salón, a tocar la guitarra y a tirar con arco. Ha ganado varios trofeos deportivos y aparecido en distintos periódicos. Viaja al extranjero al menos 3 veces al año, y ya ha estado en Canadá, Suecia, Finlandia, Noruega, Holanda, Alemania, Reino Unido y no sé cuántos países más. Participa activamente en una asociación de mayores (es el secretario) y ha aprendido informática. Se ha comprado un ordenador y navega con frecuencia por internet. Ha hecho el Camino de Santiago dos veces, ha aprendido a cocinar y practica natación diariamente, incluso en invierno. Está aprendiendo inglés.

Se apunta a todas las excursiones para mayores que se organizan en su ciudad, y los fines de semana sale a bailar.

 

Los médicos no entienden lo que ha ocurrido. Le dicen que la vida le ha dado una segunda oportunidad.

 

En los momentos más bajos de mi depresión, cuando no encontraba sentido a mi vida, le miré un día y pensé: “Este hombre tiene cerca de 70 años, lleva desahuciado por los médicos casi 10 y disfruta de la vida mucho más que yo. ¿Qué demonios me pasa?” y decidí salir del agujero y dejar de lamentarme.

 

 

 

Y tú, ¿estás esperando también a tener tiempo?

 

 

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

Y tú, ¿qué opinas?

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