Método Pominola

Lo que he aprendido de las metas

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como agua que fluye

Ponerse metas parece muy sencillo. De hecho, seguro que cada día nos planteamos varias, del tipo: “no vuelvo a comer merengues en mi vida” (porque te cenaste una docena y has pasado una noche de perros). O “de hoy no pasa; esta tarde sin falta me pongo y ordeno/clasifico todas las facturas desde 2001”. Pero se pasa la tarde y no te acuerdas siquiera de las facturas. O piensas “total, si llevan ahí desde 2001, bien pueden esperar un poco más”.

Ponerse metas es sencillo. Lo difícil es hacerlo bien…

Cansada ya de fracasar una y otra vez, me puse a leer acerca de las metas y los objetivos; y con todo lo que aprendí en decenas de lecturas me he elaborado mi propio “manual de metas”. ¿Quieres saber lo que aprendí? Sigue leyendo.

  • Las metas tienen que ser POCAS. En algún sitio he leído que media docena está bien, pero yo las considero demasiadas. Por mi experiencia, dos o tres está más que bien.

  • Las metas tienen que estar bien claras, así que tendrás que tomarte un tiempo para pensar qué es lo que realmente quieres conseguir. Está bien que te propongas “ser feliz”, pero es un propósito demasiado vago e impreciso. Concreta más.

  • Las metas deben ser simples y detalladas. O, dicho de otra forma, debes fraccionar cada meta todo lo que puedas, hasta convertirla en una serie de pequeños pasos que sean fácilmente asumibles. Si quieres perder 20 kilos, plánteate 20 etapas o mini-metas de un kilo cada una. Y concéntrate en la mini-meta actual, no en el conjunto. Decir “perder 20 kilos” suena bastante difícil, pero pensar en un solo kilo parece perfectamente realizable. Otro ejemplo: “quiero escribir un libro sobre tal tema”. En principio, escribir un libro puede parecer una tarea fuera de tu alcance; pero todo consiste en plantearlo bien.

  • Las metas deben plantearse en positivo. No digas: “no comeré más chocolate” porque enseguida te darán ganas de atracarte. Plantéalo como “llevaré una dieta más sana”. Usa frases positivas, que resulten motivadoras, y no negativas o prohiciones.

  • Las metas deben ser realistas. Decir: “voy a perder 20 kilos en un mes” es sinónimo de fracaso. Una cosa es tener confianza en ti mismo, y otra muy distinta ser un iluso.

  • Las metas deben tener una fecha tope para su realización. Como dije antes, hay que ser lo más preciso que se pueda. No digas: “quiero escribir un libro sobre tal tema” sino “escribiré un libro sobre tal tema antes de fin de año”. Al decir “escribiré” en vez de “quiero escribir” le indicas a tu cerebro que pase a la acción y no se quede en el simple deseo. Y le pones un plazo tope: el final del año.

  • Elabora metas a corto, medio y largo plazo y ve revisándolas periódicamente. Para ello, importantísimo:

  • PON TUS METAS POR ESCRITO. Ya sabes aquello de “lo escrito, escrito queda; las palabras, el viento se las lleva”. Algunos recomiendan escribirlas en un póster o cartel grande y ponerlas en un lugar visible, para recordarlas continuamente.

  • Por cada meta importante lograda, concédete un pequeño premio o compensación.

  • Lo más importante de todo: EMPIEZA YA. No lo dejes para mañana, el lunes o la semana que viene. Para tomar un poco de impulso, empieza por algo fácil que puedas conseguir sin demasiado esfuerzo. Estos pequeños logros se convierten en “experiencias de éxito controlado” que te ayudarán a seguir adelante y a ganar confianza en ti mismo y en tus capacidades.

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

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