Método Pominola

Y cielos grises

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Mi color favorito

 

Cuando tenía 12 años, unos familiares de mi padre que vivían en Estados Unidos me enviaron un regalo. El mejor de mi vida, creo yo, porque han pasado 27 años y todavía me emociono al recordarlo.

 

Una caja de lápices de colores. Pero no unos lápices cualesquiera, no. Una caja enorme de lápices de colores de la marca Prismacolor, que no creo ni que se conociera en España. Acuérdate de que entonces no teníamos internet, y todo estaba lejos y era desconocido.

 

La caja era negra y estaba articulada para que al abrirse se quedara de pie, mostrando dos niveles de lápices de colores que yo jamás había visto antes. Todos tenían un código y un nombre, grabados en el extremo opuesto a la punta. Aún conservo dos o tres de aquellos lápices, pequeñitos y gastados; cuando los tengo entre los dedos es como si viajara en el tiempo.

 

Hace algún tiempo, cuando andaba perdida y sin rumbo, compré un puñado de lápices Prismacolor a través de ebay. No sabía muy bien porqué, pero necesitaba tenerlos. Ahora me doy cuenta de que, como no sabía qué camino tomar, decidí retroceder hasta el refugio seguro de mi infancia.

 

Cuando los lápices llegaron, contuve la respiración mientras desenvolvía la caja. Eran los mismos, aquellos que me regalaron, y de repente tuve 12 años otra vez. ¿Quién ha dicho que no se puede viajar en el tiempo?

 

Tenía 12 años otra vez y no era feliz. Hace pocos meses que he recordado (o aceptado, o comprendido) que no fui una niña feliz; estaba demasiado ocupada intentando ser perfecta para que me quisieran. Pero mientras acariciaba los lápices, si bien no era feliz, al menos me sentía satisfecha.

 

De vuelta a los treinta y tantos años, examiné el contenido de la caja con reverencia, casi podría decir que en éxtasis; pero no estaba allí. Mi color favorito no estaba.

No recuerdo su nombre. No era gris, ni azul; tenía el tono exacto del cielo justo antes de una gran tormenta. Ahora me doy cuenta de que era un color que presagiaba horas frías e inhóspitas, no era un color tranquilizador y sin embargo a mí me llenaba de calma.

 

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Autor: Conchi

Eternamente enredada en ideas y palabras. En búsqueda permanente de mí misma.

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